Hace un par de días el diario madrileño El País se refirió al milagro
chanta de la economía chilensis aseverando que ni la política de la
dictadura ni los cambios introducidos por los gobiernos de la Concertación han
logrado mitigar las desigualdades derivadas de una distribución de la riqueza
que pasa por ser una de las más inequitativas del mundo.
El diario cita a un conocido patriota: "Es nuestro
mayor fracaso. Después de seis años al frente de la política económica del
Gobierno de Ricardo Lagos, sé que cada vez que intentábamos una redistribución
más justa, un poderoso establishment impedía adoptar las medidas más
elementales", explicó el ex ministro Nicolas Eyzaguirre en una
reciente entrevista con ese periódico.
Eyzaguirre pretende que a su jefe y a él mismo el gran capital
se los pasó por salva sea la parte durante seis años, pero en su defensa los
patrones alegan que no fue una violación sino una relación consentida entre
adultos a tal punto que Lagos se fue “con el amor de los empresarios”.
Si uno le cree a los que manejan la manija este Eyzaguirre es
como el cuento de la niña que se acuerda después del polvo que la mamá no le
había dado permiso.
Como quiera que sea, uno se siente aliviado cuando sabe que ni
a Andrés Velasco ni a Michelle pudiese ocurrirles lo mismo. Para ello hay
diferentes métodos uno de los cuales consiste en nombrar comisiones para
despistar, o ir a dar una vuelta a Dinamarca con el pretexto de que al menos
los daneses no se hacen los suecos.
No obstante los resultados son más o menos los mismos, o al
menos eso pretenden Roberto Alarcón, Raúl de la Puente y Arturo Martínez
hablando de la reforma de la previsión, y los estudiantes y los profesores en
el caso del Consejo (con ese) de la Educación.
Otro método consiste en hacer hablar a Escalona que encuentra
que todo es una maravilla y uno no sabe si es porque nunca fue dirigente
sindical o porque no frecuentó demasiado las escuelas. En fin, se ve que los
senadores aportan lo suyo para consagrar la alegría de fin de año.
Entre otros el esotérico Longueira quién, usando el pretexto de
la mala utilización de los fondos reservados (que según Martner, Schaulsson y
otros “teléfonos con patas” eran de verdad muy “reservados”) se permite
declarar que “estamos frente a un gobierno que tiene vicios de ilegitimidad”.
Entre los llamados de Jaimito desde el más allá y la muñeca que le habla (a
menos que no sea lo contrario) razones no faltan para estimar que Longueira es
un cretino pero nadie puede acusarle de analfabeto.
Declarar la “ilegitimidad” del gobierno es un claro
llamado a la sedición, lo que no deja de sorprender cuando tales
despropósitos vienen de un precandidato a la presidencia de la república. Hay
quién sugiere que se trata de un chiste de humor negro visto que en los últimos
días Longueira ha estado de duelo y en una de esas lo entrevistaron en el
“Quitapenas”. Pero los tontos graves opinan que si Longueira no tuviese una
tortícolis de los cojones y un Alzheimer demasiado precoz tal vez pudiese mirar
hacia atrás para avergonzarse de haber apoyado una dictadura criminal que se
caracterizó por el más alto nivel de corrupción y de inmoralidad de la historia
del país. Lo que no hace sonreir a nadie.
Lo que si hace sonreír es el anuncio que acaba de hacer Alejandro
Foxley. ¿Cómo que quién es Alejandro Foxley? Sí, sí, ese mismo, el especialista
del modelo holandés para terminar con el desempleo que ahora oficia de ministro
de relaciones exteriores aunque parece que no le avisaron a nadie. Que es
ministro, digo.
Aunque parezca mentira Alejandro Foxley logró encontrar un país
con el cual Ricardo Lagos no firmó ni un TLC y ni corto ni perezozo anuncia la
rúbrica de ese magno acuerdo con Japón para marzo del 2007. Los japoneses
suspiran aliviados, por fin lograrán equilibrar su gigantesco déficit
presupuestario (900%). Por lo menos el TLC con Japón llegará antes que el
aumento de pensiones previsto para el 2009, año en que Andrés Velasco ya no
será ministro de hacienda, en fin, digo yo, no siempre lo peor es cierto, que
tengamos buenas fiestas, un próspero año nuevo y quién sabe, a pesar de
Longueira, mucha alegría.