PARTIDO SOCIALISTA DE CHILE
NUCLEO MAXIMILIANO MAXHOLTS
Comunal Valpara’so
INTRODUCCIîN
Hace millones de a–os, desde la edad de piedra y especialmente desde el mesol’tico, per’odo de las posteriores civilizaciones que empiezan a nacer en el neol’tico, el problema principal de las agrupaciones humanas ha sido aquella de encontrar, para este hombre, ego’sta, vanidoso y desobediente por naturaleza, una f—rmula perfecta de armon’a dentro de las agrupaciones comunitarias.
En este largo per’odo, la ciencia y el pensamiento filos—fico han dado grandes pasos y han alcanzado alturas insospechadas. Basta mirar en torno nuestro, para ver lo que ha hecho la tŽcnica. Pero el hombre de hoy, en su m‡s ’ntima esencia, no se ha distanciado substancialmente de su antecesor de las cavernas. La crueldad y el h‡bito ancestral de devorarse rec’procamente, apenas ha cambiado de forma y procedimientos. En la edad de piedra se devoraban crudos, hoy se devoran con la ayuda de las doctrinas y de los c—digos.
La humanidad no puede experimentar mejoras en este campo, porque el centro motor de la existencia b‡sica de la vida, se encuentra en las relaciones ECONOMICAS.
Desde finales del siglo XVIII, la burgues’a triunfante con la REVOLUCION FRANCESA impuso a la sociedad una visi—n del mundo basada en la aceptaci—n de los cambios pol’ticos como un hecho normal del desarrollo de la sociedad, y del poder popular como fundamento de la soberan’a de las naciones. De esa nueva visi—n del mundo nacieron las tres ideolog’as decimon—nicas que habr’an de dominar posteriormente las luchas pol’ticas del siglo XX: conservatismo, el liberalismo y el socialismo.
La consideraci—n de los cambios pol’ticos como un proceso normal del desarrollo social se sum— hacia mediados del siglo XIX con la ideolog’a del progreso social y la teor’a de la evoluci—n biol—gica o social. De esta manera, se conform— el darwinismo social, paradigma que ha servido para justificar la HEGEMONIA MUNDIAL y la expansi—n colonialista de las potencias capitalistas que conformaban y conforman la civilizaci—n occidental.
La ideolog’a del Darwinismo Social consideraba que todos los organismos y sociedades humanas progresaban naturalmente desde las formas m‡s simples de organizaci—n hasta las m‡s complejas. En su razonamiento l—gico circular, las formas sociales m‡s adaptadas, las m‡s capaces, se hallaban en la parte superior de aquella estructura jer‡rquica, ello significaba que pueblos m‡s perfectos eran los que hab’an logrado progresar hasta alcanzar los pelda–os m‡s altos de la escala evolucionista.
Referida al mundo pol’tico, dicha ideolog’a permit’a sostener que aquellas naciones que durante un largo per’odo hab’an producido el mayor nœmero de individuos altamente desarrollados intelectualmente, energŽticos, valientes, patriotas y benevolentes, ser’an naturalmente las llamadas a dominar a las menos favorecidas, las menos desarrolladas.
Este concepto que subyace el pensamiento racista que fundamenta la noci—n de pueblo brit‡nico y del estadounidense como , los elegidos para guiar la Humanidad, se apoya en un axioma segœn el cual los logros de la raza anglo-sajona, de las cuales descienden los cu’danos brit‡nicos y los estadounidenses no han sido superados por ninguna otra raza que haya existido jam‡s.
De lo anterior se deduce que los pueblos que vivimos en la periferia de esa raza privilegiada que dicen ser los anglo-americanos, somos todos pueblos b‡rbaros, menos desarrollados. Un pensamiento similar parece fundamentar la actual terminolog’a utilizada por los voceros del departamento de los estadounidenses y sus lacayos de la globalizaci—n, para desprestigiar a quienes no se humillan ante sus —rdenes.
Esto se evidencia cuando naciones como Venezuela, Nicaragua, Bolivia, Ecuador, Paraguay, Argentina, pugnan por construir proyectos democr‡ticos para liberarse de las garras de la prepotencia globalizada a travŽs del neoliberalismo.,causante de las enormes desigualdades que genera la concentraci—n del capital monop—lico en contra las naciones subdesarrolladas, generando este poder ,guerras, hambre, miseria y cesant’a.
Las grandes empresas trasnacionales productoras de bienes y servicios han acentuado la explotaci—n del trabajo asalariado hasta grados incompatibles con la dignidad humana sin generar ÒchorreoÓ alguno sino que, por el contrario, suprimiendo m‡s puestos de trabajo a medida que se intensifica la centralizaci—n del capital y la fusi—n de grandes consorcios por rama de producci—n. El modelo es irracional. Tres empresarios perciben m‡s ingresos que 48 pa’ses pobres cuya poblaci—n supera los 6oo millones de habitantes. En la œltima dŽcada el capital productivo creci— en un cincuenta por ciento, mientras el capital especulativo lo hizo en un mil por ciento.
EL PARTIDO SOCIALISTA Y SU DESNATURALIZACION
El partido socialista de Chile, es la expresi—n pol’tica de los trabajadores manuales e intelectuales, de la tŽcnica, de la ciencia y de la cultura y de todos los hombres y mujeres que aspiran a una sociedad socialista, es decir , igualitaria, libertaria y fraternal. El partido se inspira en el humanismo socialista, que se nutre de las diversas expresiones del pensamiento cr’tico del capitalismo. Asume como mŽtodo de interpretaci—n de la realidad el marxismo cr’tico, enriquecido y rectificado por el avance de la cultura, la ciencia y el devenir social, recogiendo particularmente los aportes del pensamiento democr‡tico radical, el cristianismo de izquierda y el racionalismo laico. As’ tambiŽn, hace suya la doctrina internacional de los derechos humanos. El partido es popular y de izquierda, aut—nomo, democr‡tico y revolucionario, en tanto persigue un cambio social profundo. El socialismo es la respuesta al NEOLIBERALISMO Y AL CAPITALISMO GLOBALIZADO.
Siendo nuestro partido, desde su fundaci—n, un partido de los trabajadores y herramienta para el socialismo se ha transformado en un sostenedor del orden capitalista imperante, en gran medida, consecuencia de la implementaci—n de un dise–o pol’tico adoptado por un sector jer‡rquico abandonando sus fundamentos te—ricos, su acervo pol’tico y su proyecto hist—rico de transformaci—n de la sociedad capitalita en la perspectiva del socialismo. SumiŽndolo, por ya largos 37 a–os, en una profunda crisis de identidad ideol—gica, que han neutralizado su pr‡ctica revolucionaria.
Esta crisis de identidad pol’tica-ideol—gica, de una intelectualidad desvinculada del movimiento social, cuyos discursos y pol’ticas de esta renovaci—n del partido conjuntamente con los partidos de otrora concertaci—n llevaron al poder a la derecha econ—mica neoliberal.
La contradicci—n central en el seno del partido debemos resolverlo con la necesidad de terminar con el modelo capitalista neoliberal con una perspectiva socialista, con el transito del capitalismo al socialismo.
Superar esta contradicci—n para el campo de los trabajadores, del pueblo y del socialismo requiere estructurar una fuerza pol’tica socialista, marxista, Allendista, revolucionaria y profundamente democr‡tica al interior del PS, que recupere y reinvente su proyecto de transformaci—n estructural, pero para estructurar nuestras fuerzas se hace necesario el conocimiento de las dem‡s fuerzas que operan dentro de Žl y que en la lucha al interior del partido no sea por salvaguardar los intereses de grupos que quieren controlar el partido esto se explica dado que el partido ha estado en esto treinta y tantos a–os creando la hegemon’a del poder, m‡s all‡ de c—mo estos sectores disfracen con discursos ÒizquierdistasÓ sus posiciones procapitalistas.
No hay posibilidades de vertebrar una acci—n pol’tica de izquierda al interior del partido si esta no asume un allendismo consecuente, vale decir: marxista, socialista, revolucionario y profundamente democr‡tico.
Que rescate la pr‡ctica transformadora, entendida como continuidad hist—rica del legado que nuestro partido ha entregado desde su fundaci—n a nuestro pa’s, a America latina y al mundo entero. Que haga adem‡s, concluir generosamente en su seno una s—lida voluntad unitaria, una leg’tima hegemon’a clasista, una s—lida vinculaci—n con los trabajadores y el movimiento social, de donde se nutra, que sienta las bases de un reordenamiento program‡tico y de una estrategia de acci—n compartida.
En s’ntesis, que cree conciencia activa sobre la naturaleza del capitalismo y que trabaje expl’citamente por la creaci—n de una alternativa socialista.
Para la construcci—n de una organizaci—n pol’tica fuerte con inserci—n de masas y experiencia de luchas debemos iniciar a la brevedad el despliegue de una propaganda de una agitaci—n que se atenga con firmeza a nuestros principios, creando para ello, un peri—dico como instrumento fundamental (que difunda ideas, que eduque pol’ticamente y conquiste aliados) que inicie el proceso de convergencia de las organizaciones locales dispersas o aisladas.
Conjuntamente debemos organizar una columna central de cuadros que vaya estructurando nuestra organizaci—n, que vaya consolidando la uni—n entre nuestra acci—n pol’tica y la masa de descontento (dentro, pero fundamentalmente fuera del partido) que est‡n dispuestos a luchar pero son dŽbiles a causa de su dispersi—n y se reconocen en el partido socialista de chile un instrumento necesario para la transformaci—n. Este lazo de uni—n es la œnica garant’a de nuestro Žxito.
Debemos rescatar los fundamentos te—ricos, pol’ticos, partidarios abandonados por la Òrenovaci—nÓ neosocial dem—crata. Este rescate debe ser reposicionado creadoramente, ante las exigencias que nos coloca esta nueva Žpoca. Nos permitir‡ nutrirnos de un arsenal de principios y concepciones que homogenizar‡n nuestras fuerzas, a partir de una lectura compartida de la realidad y del camino a seguir.