La Crisis del
Partido Socialista de Chile.
Respuesta a Pepe Balaguer.
A ra’z de la crisis que enfrenta el PS, y de nuestra postura a
no abandonar el Partido de Allende, nos lleg— una cr’tica desde Europa de un
compa–ero Balaguer. En Žste documento tratamos de dar respuesta al compa–ero
pero principalmente lo utilizaremos (positivamente) para exponer en profundidad
nuestro pensamiento al respecto. Los comentarios del compa–ero se encuentran
debidamente destacados en letra negrita
y cursiva
Primera parte
Sobre precisiones:
a) ÓÉ el "leninismo" de Camilo: entre otras lecciones,
Lenin nos ense–— que una de las tareas principales de un revolucionario era (y
sigue siendo) la lucha por el poder al interior del partido; Ò
Resumir a Len’n a esto me parece una aberraci—n. Las formas
como Žl resolvi— los problemas de los bolcheviques (minor’as) es interesante
conocerlas s—lo como referencias, pues su aporte principal est‡ en otros tres ‡mbitos, y ninguno de ellos
permite suponer que escalona sea leninista.
El primero y m‡s importante es la ÒConstrucci—n de Partido
RevolucionarioÓ, necesario para llevar a la pr‡ctica el Socialismo Cient’fico
propuesto por Karl Marx. (como parece que la alusi—n que hace el compa–ero
tiene que ver con este punto, huelga decir que Òla lucha por el poder al
interior del partidoÓ es un ’nfima
reducci—n al pensamiento leninista, propio de los Òpost modernosÓ y renovados
que buscan desacreditar al personaje m‡s importante del siglo XX) lo remito a
que estudie el ÒQue HacerÓ, para que concluya su formaci—n te—rica.
Otro aporte de Lenin y que tiene que ver tambiŽn con el Partido
pero NO CON ESCALONA, es llevar a categor’a cient’fica el ÒAn‡lisis de
Situaci—n Pol’ticaÓ (el tema de la correlaci—n de fuerzas, asociada a las
condiciones objetivas y subjetivas del desarrollo pol’tico de una coyuntura y
como particularidad, el an‡lisis de la situaci—n revolucionaria).
Y por œltimo el tema ÒEl imperialismo, como fase superior del
capitalismoÓ siendo Žste el m‡s vigente de los t—picos por Žl, genialmente
desarrollados. Como ver‡s ninguno de estos elementos permite catalogar a
escalona como leninista.
b) ÒÉ el "progresismo" es una autodefinici—n
que han asumido en su totalidad las diferentes fracciones en que ha terminado
dispersa la Renovaci—n y es un concepto asumido desde Nœ–ez hasta Ominami; Éen
el texto est‡ claramente diferenciado el "progresismo", de la
corriente marxista y de sectores, como Martner que no buscan poner tŽrmino al
PS.Ó
Progresismo ES ANTAGONICO A MARX y adem‡s aœn est‡ vigente -no
resuelta- la contradicci—n fundamental de la izquierda mundial y latinoamericana
ÒRevoluci—n o ReformaÓ.
Los conceptos de progresista y progresismo nacieron, en el contexto de la Revoluci—n Liberal del siglo XIX, para designar a los
partidarios con la idea de progreso,
el cambio social y
las transformaciones econ—micas, pol’ticas e intelectuales y se asocia
fundamentalmente a su caracter’stica evolutiva. ƒsta fue la causa del quiebre
de la Primera Internacional, m‡s tarde,
el concepto ÒprogresoÓ sirvi— para justificar las negociaciones de la
socialdemocracia con las potencias capitalistas, en contra del concepto
Òrevoluci—nÓ en las dos guerras mundiales y sobre todo en la primera sirvi—
para agredir a la naciente naci—n soviŽtica y de paso acabar con los
revolucionarios alemanes (Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, entre otros); Con Žste concepto ahora la socialdemocracia
pretende ÒengrupirnosÓ para eufem’sticamente, asociar Òprogreso a socialismoÓ
pero entendido Žste, solo como progreso con equidad. Aqu’ entran desde escalona
hasta Martner, de Ominami (incluido MEO) a Navarro, pasando por Arrate. Incluso
Eduardo GutiŽrrez, otrora ÒcomandanteÓ.
c) ÒSobre los or’genes de la crisis del socialismo
chilenoÓ. Es el
Congreso de Unidad, decimos nosotros; porque la crisis no la origina el
nacimiento de la renovaci—n, ser’a darles demasiado crŽdito -como dec’amos
antes- Žsta es anterior a los socialistas chilenos, por lo que a nuestro
juicio, fue este Congreso en 1990 el que marc— la capitulaci—n de los
ÒmarxistasÓ ante los renovados y el que permiti— transformar al partido en
socialdem—crata, a espaldas de la militancia y mientras sigamos vinculados a la
socialdemocracia, no habr‡ posibilidad de recuperar nuestros principios
revolucionarios.
Iremos ahora a lo central de vuestra argumentaci—n.
Dice el compa–ero ÒÉLo sentimos: hay un hecho
"nuevo": la grave crisis que atraviesa, una vez m‡s, el sistema
capitalista; el no tomar en cuenta este enorme "dato" de la realidad,
debilita todo el desarrollo de vuestro texto;Ó
Compa–ero, indudablemente la crisis del sistema capitalista, es
el paradigma que est‡ detr‡s, sin embargo, como estamos hablando de la crisis
del partido, es necesario comprender que el rol que est‡ jugando Žste, visto
desde la crisis del sistema, es absolutamente marginal, dependiente y
obsecuente hacia la clase dominante y sometido a la democracia cristiana, madre
de la Òrenovaci—nÓ (ver or’genes de Tom‡s Moulian, los Garreton, Gazmuri,
Correa, etc. a los que se suman otros renegados socioslistos).
Lamentablemente su existencia socialdem—crata actual, desde esa
marginalidad, permite la debilidad de la clase obrera y de toda la clase
trabajadora (ya volveremos
sobre este tema), porque por la v’a de una casta de dirigentes Òburocr‡ticosÓ y
renovados, mantienen a la clase dividida en 4 centrales sindicales (CUT, CNT,
CAT en todas ellas hay socialistas) y la CGT que mantiene un papel digno de
enfrentamiento al sistema y al modelo, las otras tres hegemonizadas por la
alianza PS-DC-PC, se encargan de ÒnegociarÓ esta paz social, que nos agobia
como clase y como militantes. Paz de cementerio.
Esto no cambia desde el congreso de Unidad, sin embargo antes
de esto, todav’a qued‡bamos militantes insertos en los frentes sociales,
conduciendo los restos del gran movimiento social que les permiti— negociar la
salida de pinochet. ƒste cay— por la presi—n social que hicimos desde los a–os
ochenta, momento que logramos, a pesar del ningœn apoyo de esa renovaci—n, que
afuera profitaba de la lucha del interior. Fue luego de ese Congreso que la
izquierda comenz— en Chile el largo proceso de descomposici—n. Por ello
sostenemos que salirse del partido es solo un acto de pantomima, Òpara que
creanÓ, porque mientras exista la alianza entre PS-DC (y ahora sumado el PC),
el movimiento popular seguir‡ sin
conducci—n.
A tu pregunta ÒÀquŽ sabemos hoy, m‡s de lo que sab’a
Allende, en 1973, de la clase obrera chilena?.Ó
La Žpoca imperialista se caracteriz—
principalmente por la organizaci—n de la producci—n llamada ÒfordistaÓ, y es la
de producci—n en cadena. Las Industrias, concentraban gran parte de los procesos
productivos asociados, desde fundiciones, hasta productos de consumo masivo,
pasando por toda la gama intermedia de productos y procesos. Esto dio origen a
grandes usinas y a mucha concentraci—n obrera. Entonces una f‡brica lanzaba al
mercado miles de productos hechos en serie y a bajo costo.
Lo fundamental eran buenos puertos, buen
transporte, buenas carreteras y comunicaci—n telef—nica. M‡s cuando llegaba el
momento de la saturaci—n de los mercados (crisis c’clicas), hab’a por un lado
que expandirse (agranda el mercado)
y por otro abaratar la mano de obra (achica el mercado).
Estamos hablando de producci—n material,
tambiŽn hablamos de capital, ambos conceptos aparentemente est‡n
indisolublemente ligados, pero no es as’, el capital buscando optimizar su
rendimiento, o sea reproducirse con el menor esfuerzo posible, termina
independiz‡ndose de la producci—n
y aparecen los ÒrentistasÓ. Primero son usureros, prestamistas y luego devienen
en banqueros, capitalistas que prestan dinero a cambio de intereses.
En un primer momento son despreciables
individuos que profitan de la necesidad ajena a cambio de una alta tasa de
interŽs, luego se transforman, sobre todo en Žpocas de crisis, en financistas
de procesos productivos y m‡s tarde devienen en honorables banqueros. Esa es la
historia familiar de Agust’n Edwards, conocido usurero en Valpara’so que a
fines del siglo 19, financi— la aventura de Thomas North, de apropiarse del
salitre a travŽs de la Guerra del Pac’fico. Esta es, adem‡s, la historia del capital
financiero, que con
detalles m‡s o menos, se repite en todo el mundo y Žste logra adherirse como un
par‡sito a todos los procesos productivos.
Por otro lado, en todo este proceso, el capital
financiero cada vez
concentra en sus manos mayor poder, pero al mismo tiempo se aleja del proceso
productivo y por medio de los bancos, financieras, acciones, etc., extrae en
forma de intereses todo el excedente que puede de los sectores industriales. El
problema que se les plantea es que, los mercados dominados est‡n en todo el
globo y es necesaria una mayor movilidad y comunicaci—n.
Aqu’ surge la WEB (red internet) la que pone al servicio de
este capitalismo financiero, y en su escritorio, todo el mundo. Gran invento,
enorme desarrollo de las fuerzas productivas, no s—lo por los mercados, las
acciones, la informaci—n, etc., sino principalmente porque transforma al mundo
en una sola gran f‡brica, controlada por la red. Esto da curso a un cambio
sustancial en el capitalismo.
De la empresa ÒFordistaÓ, en alusi—n a Henri
Ford, quien desarroll— en sus empresas el modelo antes descrito, saltamos al
modelo ÒToyotistaÓ (Toyota) que consiste en producir de acuerdo al mercado, y
que hoy se expresa en que un individuo de cualquier lugar del planeta puede
comprar por la red, lo que quiera y en 48 horas lo tiene en su casa.
Para ello se desarroll— todo un proceso de externalizaci—n de los procesos productivos y la desterritorializaci—n de las empresas. Esto significa que un
autom—vil se puede armar con piezas y partes que se fabrican en todo el mundo,
y a pedido. Todo esto era imposible sin la red (WEB). Aqu’, los capitalistas
resolvieron varios problemas a la vez, y con ello el m‡s importante, por un
lado al reducirse el tama–o de las empresas tambiŽn perdi— fuerzas la lucha
sindical, œnico freno a la explotaci—n.
Adem‡s el sistema se hizo m‡s eficiente y
m‡s productivo a un menor costo (utilizaci—n barata de mano de obra en pa’ses
pobres). El problema que les surge, es que el mercado est‡ cada vez m‡s
deprimido (reducido) por los altos niveles de cesant’a, por lo que los
excedentes, ya no tienen hacia donde expandirse, han tocado techo y piso. Y
como el mercado lo formamos las personas, los trabajadores, y estos son cada
vez m‡s pobres, tambiŽn los mercados son incapaces de absorber estos nuevos
excedentes.
Entonces los grandes capitalistas se auto-enga–an con lo que ellos llaman Òproducci—n
inmaterialÓ. La compra venta de acciones, el cobro de derechos de autor (marcas
registradas y patentes), venta de softweare, el cobro de intereses, los bancos
y financieras, etc. Forman, de esta manera, un gran globo que con orgullo
exponen como el triunfo del capitalismo sobre el socialismo.
El hecho de que en Žsta fase del desarrollo
capitalista (refiriŽndonos a la hegemon’a del capital financiero) se
transformen en predominantes formas inmateriales de las mercanc’as otorg‡ndole al trabajo intelectual un gran
peso en la din‡mica econ—mica, no cambia en nada las relaciones sociales de
producci—n que hay en la
base y la ley del valor
que las rige. En primer lugar porque ese trabajo intelectual, tambiŽn es
trabajo humano y no una creaci—n del capital financiero; y adem‡s porque el
concepto de tecnolog’a involucra tambiŽn, adem‡s de las m‡quinas, las distintas
formas de organizaci—n del proceso productivo, esfera en la que entran los
inventos, software, etc. .
El triunfo de la
ÒaparienciaÓ pretende que la imagen reflejada por un espejo supere a la
realidad -porque efectivamente ha habido transformaci—n del trabajo y hoy no se
producen las mismas cosas, ni del mismo modo que hace treinta o cuarenta a–os-
no da en absoluto para pensar y afirmar que la explotaci—n haya sido superada y
caer en el absurdo de declarar que la riqueza hoy la produce la computaci—n.
La visi—n de Marx, m‡s all‡ de toda ÒaparienciaÓ,
consisti— en se–alar la verdadera conexi—n de las relaciones sociales
fundamentales entre las clases:
En el capitalismo s—lo el tiempo de la
fuerza de trabajo consumida en la producci—n, es fuente, origen y medida del
valor y la ganancia se obtiene de la apropiaci—n de una parte de este valor que
crean los trabajadores.
La falsa idea de que el trabajo s—lo
participa de manera secundaria en la producci—n, se afirma en otra idea,
tambiŽn falsa, segœn la cual el trabajo perdi— su importancia. Esto a nuestro
juicio, solo busca justificar la permanencia del desempleo masivo y otorgar a
los patrones el derecho a contratar y despedir a su arbitrio a los
trabajadores, con la mentira de que el satisfacer sus necesidades b‡sicas pasa
por otras v’as (la limosna, el estado o el subempleo).
Sin embargo ellos, a travŽs de la tercerizaci—n,
subcontrataci—n o externalizaci—n,
extraen de la explotaci—n que la micro y mediana empresa genera, los excedentes
a travŽs del mercado financiero (bancos, prŽstamos, cuentas corrientes, etc.).
Esto se llama explotaci—n por encargo y sin derechos para los explotados.
Esta misma visi—n de Marx nos muestra que todo
el enriquecimiento financiero no es m‡s que una captaci—n del valor producido, en el proceso de producci—n donde el trabajo juega el papel central.
Entender la bancarrota de la Ònueva econom’aÓ deriva del hecho de que
precisamente esta din‡mica financiera estuvo privada de mercanc’as como
sustrato de valor y por eso su derrumbe.
Dicho m‡s simple, el juego especulativo de vender y comparar (ventas a
futuro, Tarjetas de crŽditos, prŽstamos hipotecarios, etc,) se fue alejando
cada vez m‡s de la econom’a real, de lo material, terminando en un gran globo
que representa cincuenta veces la producci—n material existente.
Dadas estas condiciones, afirmamos
categ—ricamente que el capitalismo ha fracasado con el ensayo de nuevas formas
de dominaci—n y que Žstas no revelan otra cosa, que los nuevos intentos de
mantener su esencia expoliadora de los recursos naturales, opresiva y explotadora
de los trabajadores que producen las riquezas. Pero aun queda explicarnos como
sucede este fen—meno de inflar una econom’a global carente de respaldo
material.
Segunda parte
ÒSer’a interesante una explicaci—n acerca del por quŽ se
cayeron las candidaturas de Insulza y de Lagos;É.Ó
Para comprender el err‡tico rumbo que ha seguido el Partido en
la nominaci—n de Frei como candidato, es necesario recurrir a una explicaci—n
m‡s profunda, el car‡cter de clase de la concertaci—n.
Antes debemos precisar que el tema de la ÒburocraciaÓ al que da
tanta importancia el co. Balaguer, es un tema de segundo orden, tal vez
importante pero que no determina el principal y Žste es, quŽ clase
representa cada sector. Con
esto adem‡s respondemos la duda que tiene sobre el car‡cter de derecha de la
concertaci—n.
La derrota del 73, se sustenta en la fuerte agresi—n
imperialista al car‡cter revolucionario del Programa Popular que estaba
aplicando Salvador Allende, en contra de Žste, de la gran burgues’a industrial,
la oligarqu’a terrateniente y de la gran Burgues’a Financiera (expropiaci—n de
toda la Banca, junto a la nacionalizaci—n de las riquezas b‡sicas, creaci—n del
çrea de Propiedad Social y Reforma Agraria).
Esta Alianza formada contra Allende, sustentada pol’ticamente por
la CODE (confederaci—n democr‡tica) ten’a en su interior a los representantes
de cada una de ellas; Partido Nacional por la grande y media burgues’a nacional
y la oligarqu’a terrateniente, la Democracia Cristiana representante del
Imperialismo (financiada por la alianza para el progreso, herramienta creada
para combatir a la Revoluci—n Cubana (ver estudio de CortŽs Terzi, antes de ser
renovado), a ellos se sumaron sectores fascistas del ejercito (representados
por MNPL) y sectores de la socialdemocracia (PIR), totalmente marginales.
Sin ‡nimo de eludir el per’odo 1973-1990, creemos que la
dictadura durante todo ese per’odo s—lo reflej— algunas contradicciones menores
entre las clases en el poder. Menores no por su importancia (mantenci—n de la
reforma agraria, entregando las tierras expropiadas a nuevos sectores
burgueses, por ejemplo), sino porque implicaban solo sutiles cambios en los
grupos de poder.
Su problema fundamental fue con el imperio. A pesar de que Pinochet, cre— todos los mecanismos
para devolverles el cobre, LA MOVILIZACION POPULAR, sobre todo luego de 1983
sumado a la enorme presi—n internacional, le impidieron concretar ese
compromiso. El gran capital trasnacional no se arriesga a invertir con esos
grados de ingobernabilidad. Entonces cae de caj—n el objetivo del imperio:
Recuperar la gobernabilidad, manteniendo el modelo
econ—mico, adormecer la movilizaci—n social y mantener el andamiaje
institucional, la constituci—n del ochenta. Es en ese momento en que la DC se transforma en ÒprogresistaÓ,
y recurre en primera instancia a la socialdemocracia (Lagos que ya hab’a
disfrutado de una placentera vida en EEUU, presta sus buenos oficios) y sumado
a una espuria negociaci—n de la cœpula del PS con el Departamento de Estado
Norteamericano, dan inicio a las negociaciones con el tirano para la
Òtransici—n a la democraciaÓ, siendo la Alianza Democr‡tica su instrumento.
Resumiendo, la crisis socialista, comienza a incoarse, en esa direcci—n
exterior que negocia a
espaldas de la militancia, quienes Žramos los que conduc’amos las
movilizaciones populares por derrocar a la dictadura. Sobre nuestra lucha
negociaron y nos vendieron al imperio. Por lo mismo la concertaci—n hasta hoy
cumpli— plenamente la tarea encomendada, y podemos definirla como la alianza
pluriclasista con hegemon’a imperialista, de la Gran burgues’a, y la
subordinaci—n de las cœpulas de los partidos otrora de la clase trabajadora.
Espero no sea este an‡lisis considerado del "marxismo
vulgar".
ÒÉNo es Trotsky el primero que se ocupa del fen—meno de
la burocracia y seguramente son los liberales cl‡sicos los que analizan su
surgimiento y desarrollo, É; con el desarrollo y la complejidad creciente del
capitalismo, se ha profundizado el fen—meno burocr‡tico. Tres elementos, entre
otros, explican el nacimiento y desarrollo de una clase burocr‡tica: la
incapacidad del capitalismo de realizar su propia regulaci—n, la progresiva
pŽrdida por parte del "capitalista individual" del usufructo y
control de la "propiedad privada de los medios de producci—n", la
pŽrdida de la gesti—n de la divisi—n tŽcnica del trabajo, y de la divisi—n
social del mismo y, por consecuencia la extensi—n y desarrollo del aparato
burocr‡tico del estado y el aparato burocr‡tico al interior de la empresa.Ó
Parece que en su deseo de dar importancia a sus conocimientos
del ÒviejoÓ (como llama a Trotzky), fuerza torpemente el an‡lisis. Lo que
verdaderamente ocurre con el Òneo liberalismoÓ no es otra cosa que la
consolidaci—n del dominio de la burgues’a financiera del control de todo el poder. Y en ningœn
caso Žste "capitalista individual" es reemplazado por aquella clase
ÒburocraciaÓ, categor’a social
indefinida, que incluso algunos llegan a darle la categor’a de Òclase mediaÓ,
para confundir la categorizaci—n de las clases en relaci—n a la propiedad o no
de los medios de producci—n.
El Partido Socialista, en su propuesta de Frente de
Trabajadores, es m‡s preciso frente al tema, al hablar de clase trabajadora
involucrando a todos aquellos trabajadores manuales e intelectuales, que de la
œnica propiedad que disponen es su fuerza de trabajo, misma que venden en el
mercado al capitalista. El fen—meno de la tercerizaci—n ha acrecentado esta
caracter’stica del proletariado moderno al eliminar, pr‡cticamente, los
oficios, hoy un empleado de banco, f‡cilmente pasa a ser obrero de la
construcci—n, minero u obrero textil y viceversa. Ese y no otro, es el signo de
los nuevos tiempos.
Es aqu’ donde queda claro el proyecto
pol’tico del liberalismo. Un juego permanente entre democracia y dictadura, la
democracia de la representaci—n,
distinta Žsta a la democracia de la participaci—n que se vivi— durante el antiguo
liberalismo. Hoy lo que interesa, es que un grupo tŽcnico (tecnocracia)
represente a la ciudadan’a
en todos sus aspectos (econ—mico, pol’tico y social), pero sin participaci—n.
As’ los Colegios Profesionales, la CUT, los grupos econ—micos, las iglesias e
incluso, todos los partidos pol’ticos, funcionan por representaci—n, es decir
cupulares. Y en cada uno de ellos son los llamados Òpoderes f‡cticosÓ quienes
verdaderamente gobiernan. En definitiva la Òdemocracia burguesaÓ no es m‡s que
un circo de variedades para entretener a la poblaci—n, lejos del
cuestionamiento social, far‡ndula representada fielmente por los medios de
comunicaci—n.
Paralelo a esto se estructura el poder
represivo, policial y militar. Es Žste el que representa verdaderamente como se
organiza el poder econ—mico. El poder del capital financiero, no funciona con
democracia, Žste es siempre mon‡rquico y corre en paralelo con las estructuras
represivas, es por tanto el poder militar construido, como garante del sistema
de dominaci—n de clase la verdadera expresi—n de la democracia burguesa.
Cualquier cuestionamiento verdadero al sistema de dominaci—n pasa
necesariamente por el control de Žl.
Formaci—n
Social en Chile
Para
elaborar un estrategia, necesariamente debemos reconocer exactamente la
construcci—n de la estructura del poder en el Chile y consecuente con lo que
hemos sostenido partamos por la econom’a.
a)
econom’a. El PIB (producto
interno bruto), es la cifra econ—mica que refleja lo que verdaderamente se
produce en cada pa’s y sobre esa base se elaboran todos los planes de
crecimiento econ—mico, pues bien, las exportaciones representaron el a–o 2004, en Chile el 33% del PIB, US$ 32.004 millones
y el a–o 2006 fueron el 49%
del PIB US$ 58.210 millones.
Segœn
se deriva de las Datos de la Direcci—n del Trabajo del Gobierno de Chile se
deduce que la composici—n de clases de los ocupados de nuestro pa’s es:
Patrones (Alta burgues’a) 196.010 2,7%
Peque–a y Mediana Burgues’a 1.205.463 16,8%
(533.479 son
microempresarios formales)
Trabajadores 5.787.697 80,5% (656.843 trabajadores
informales)
Sin embargo, a pesar de las
transformaciones, la relaci—n capital/trabajo sigue siendo la generadora de
plusvalor. A modo de ejemplo diremos que el empleo generado por las distintas
empresas, segœn datos oficiales es
Empleo ventas
totales exportaciones
Micro y peque–as empresas 70% 15.205
mill. US$ 12,8% (6.927
mill.US$) 1,19%
Medianas y grandes 30% 103.590
mill. US$ 87,2% (57.517
mill US$) 98,81%
Entonces queda la sensaci—n que solo el
treinta por ciento de los trabajadores estar’an ligados a la generaci—n de casi
el 90% de la riqueza, sin embargo
no es as’.
Por un lado, el Producto
Interno Bruto
de un a–o mide el valor global de los bienes y servicios finales producidos en
ese a–o. Por otro lado, el PIB est‡ constituido fundamentalmente por la
suma global de las remuneraciones de los trabajadores y los excedentes brutos
de explotaci—n (ganancias globales de las empresas). La siguiente tabla nos
indica como se distribuye la riqueza en nuestra pa’s.
(En porcentajes)
Fuerza
de trabajo (salarios) 41,2% 39,0% 37,4% 34,9%
Excedente
Bruto de Explotaci—n (ganacias) 46,7% 49,3% 51,0% 53,7%
Impuestos
Netos de Subvenciones 12,0% 11,7% 11,7% 11,4%
PIB 100,0% 100,0% 100,0% 100,0%
Fuente: 2003 a 2005, reproducci—n de informaci—n del Banco Central de Chile
2006, sobre la base de informaciones del Banco Central
De
la cruza de estas informaciones concluimos que el 2,9% de la poblaci—n disfruta
de la mitad de la producci—n y creciendo de acuerdo al nuevo patr—n de
acumulaci—n. N—tese que hasta aqu’ hemos hablado de trabajadores en general, no
hablamos de ricos o pobres, aunque generalmente coincide por la desigual
distribuci—n del ingreso, pero lo importante es que los productores son la
mayor’a, los que viven de su trabajo, no importa el salario.
De la tercerizaci—n.
Sin embargo, este 30% de trabajadores que
producir’a casi el 90% de la riqueza, es una de las mentiras de este
neoliberalismo, porque en realidad el 70% restante es el que est‡ tercerizado
o subcontratado y por la
v’a del control financiero, termina igual el 2,9% m‡s poderoso apropi‡ndose del
53,7% de la riqueza total.
Este es el gran invento que permite hablar
de neoliberalismo. Al aplicar el Òcentralismo democr‡ticoÒ a la producci—n, el
gran capital financiero, delega la actividad productiva atomiz‡ndola, en toda
la estructura econ—mica del globo (principalmente peque–as y micro empresas),
para luego v’a tecnolog’a de las comunicaciones (web, Internet e intranet)
planificar, distribuir y gobernar toda la producci—n mundial y tambiŽn por la
misma v’a recoger sus frutos. Dicho de otro modo, el capital financiero ES EL
MERCADO. Este todopoderoso ser mitol—gico que regula toda la actividad humana,
hoy est‡ controlado por el Fondo Monetario Internacional, El Banco Mundial y la
Organizaci—n Mundial de Comercio. En suma por el Consenso de Washington.
ÒEn Chile existe un desarrollo hipertrofiado del aparato
burocr‡tico, É agudizado durante el per’odo del Gobierno Militar y sentenciado
por el proceso de "transici—nÓÉ.Ó Luego
de lo anterior no vale la pena detenerse a discutir esta joyita del Òtroskismo
bulgarÓ, puŽs no soporta el m‡s m’nimo an‡lisis.
ÒNo es el "personaje privado" Frei lo que nos
interesa, lo que interesa saber es quŽ intereses de clase representa; si fuera
como ustedes dicen "son la m‡s pura representaci—n de la gran Burgues’a
aliada al imperialismo", no habr’a candidatura Pi–era, que tampoco es todo
el "capital".Ó
Nos da la impresi—n que toda la informaci—n que recibes del
embajador, se–or Martner, est‡ un poquito distorsionada. Por si no te has dado
cuenta, Pi–era representa solo a un peque–o sector de la gran burgues’a
nacional (casi a Žl mismo) que trata de disputarle al imperio, tras una
negociaci—n intra clase, algunas cuotas de poder, pero est‡ claro que Pi–era no
ser‡ presidente, porque el imperio no lo quiere (Àde quŽ otra forma se
entender’a que la CIA haya desclasificado la informaci—n que el padre de Pi–era
fue su agente desde 1964?). Busca, compa–ero, la informaci—n del CEP (centro de
estudios pœblicos) ente que representa los m‡s puros intereses de la gran
burgues’a financiera, nacional y trasnacional, misma que aplaudi— a Ricardo
Lagos, aplaude a Michelle Bachelet y aplaudir‡ a Frei O A CUALQUIERA QUE LLEVE
LA CONCERTACION, para el cumplimiento de su proyecto hist—rico de clase.
ÒPero volvamos al PS y preguntŽmonos: quŽ intereses de
clase representa Escalona?
La clase obrera? No, El capitalÓ ÀNo?
Marx define dos conceptos muy œtiles para estos efectos,
Clase en si y Clase para si.
No vamos a explicar que significan, solo vamos a sostener sin temor a
equ’vocos, que camilo y la mayor’a de la cœpula dirigente del PS, asumieron en
la categor’a de clase para s’,
todos los valores y principios del capital financiero, al punto tal que, los fondos recuperados
por el Partido en relaci—n a lo expropiado por la dictadura, se manejan hoy en
el mercado de valores,
transformando al PS en un accionista de la bolsa y en el œnico partido que
muestra beneficios econ—micos permanentes.
Hoy ÒsomosÓ socios explotadores, directos e indirectos, del Transantiago,
de las carreteras concesionadas y quiz‡ de cuantas otras empresas en el rubro
del cobre (que tal vez explicar’a la enorme fortuna de Solari y Loyola, han
obtenido a travŽs del Consejo Minero). Seguramente el compa–ero Martner, que
fue presidente del Partido, te podr’a dar m‡s datos de las propiedades y
acciones que dispone hoy el Partido Socialista.
A la luz de lo anterior, es dif’cil pretender ser mayor’a en un
partido que claudic— y reneg— de su historia, de sus principios y de sus
m‡rtires. Partido que se sostiene en el poder econ—mico que maneja
discrecionalmente una cœpula de corruptos.
Sin embargo lo que est‡ en cuesti—n ahora, no es la propiedad
material de lo que hoy es
el PS, sino algo mucho m‡s caro, la propiedad del LEGADO HISTîRICO construido por generaciones de cuadros revolucionarios que en
diferentes per’odos fueron aportando a la construcci—n ideol—gica de los
trabajadores chilenos, desde la Repœblica Socialista de 1932 (Eugenio Matte
Hurtado), Pasando por la Fundaci—n del Partido (Oscar Schnake), el Programa del
47 Nacido de la Conferencia Nacional de Programa (Eugenio Gonz‡lez), hasta el Gobierno Popular de
1971-1973(Salvador Allende), sustentado por las 482 vidas de militantes
socialistas sacrificadas en los duros a–os de represi—n (Carlos Lorca, Ezequiel
Ponce, CŽsar Godoy, Juan Soto Cerda, entre tantos), con ellos es nuestro
compromiso de rescatar nuestro Partido para los Trabajadores y como dec’amos en
otro documento ÒHabr‡ Partido Socialista para los trabajadores o no habr‡ para
nadie.Ó
Breve Historia (Legado de Salvador Allende)
Los trabajadores Chilenos, a travŽs de sus
partidos de clase, asumen desde muy temprano (1920). Con Luis Emilio
Recabarren, una matriz de construcci—n socialista. Pero tambiŽn desde 1938, dos
proyectos diferentes de alianzas de clases.
Una de sus vertientes, El Frente de
Liberaci—n Nacional, parte
de la premisa que la formaci—n social chilena, sufre un retraso en su
conformaci—n, debido a que, la burgues’a chilena, incapaz de realizar su propia
revoluci—n democr‡tico-burguesa, adquiere desde sus or’genes un car‡cter
entreguista a los centros hegem—nicos del capital. Primero a Espa–a, luego a
Inglaterra y finalmente a EEUU, dando origen a un sistema econ—mico h’brido,
caracterizado por algunos como semifeudal. Esta concepci—n, considera la existencia de un sector de la burgues’a de
car‡cter nacionalista. Que por sus contradicciones antag—nicas con el capital
trasnacional, propugnar’a un desarrollo hacia adentro, y que unida a los
trabajadores podr’a, a travŽs de un frente pluriclasista (Frentes populares),
concluir el necesario desarrollo capitalista, para en una etapa posterior,
iniciar la lucha por el socialismo. Esta tesis, se vio fortalecida por un
factor de car‡cter internacional: la subordinaci—n de la lucha a los objetivos
del proletariado soviŽtico (el socialismo en un s—lo pa’s), estimulada por la
necesidad de salvar al socialismo soviŽtico de los embates de las dos Guerras
Mundiales y de la posterior guerra fr’a.
La otra vertiente, L’nea del frente de
trabajadores, que tras la afirmaci—n del car‡cter cient’fico
del socialismo, propone la construcci—n de una Repœblica Democr‡tica de
Trabajadores. Reconociendo la lucha de clases como una realidad, asume a la
clase trabajadora como sujeto hist—rico capaz de concretarla. M‡s tarde, en el
llamado programa de 1947, reafirma aœn m‡s sus contenidos. Esta concepci—n, admitiendo el diagn—stico
de una formaci—n social tard’a de car‡cter semifeudal, donde coexisten la
industria moderna con el latifundio, generadora del atraso econ—mico, difiere
en la existencia de una parte de la burgues’a chilena interesada o motivada, en
forma independiente, a generar un desarrollo nacional del capitalismo, Declara
que la clase trabajadora es la œnica clase capaz de completar ese necesario
desarrollo y la continuaci—n, como un proceso ininterrumpido del socialismo.
El movimiento obrero Chileno se ve
enfrentado a esta contradicci—n que se ha repetido alternativamente en varios
per’odos hist—ricos. Analizaremos los m‡s importantes;
El Frente Popular (1938-1941). Este frente nace producto de
la alianza de los partidos populares (PC y PS) m‡s el Partido Radical junto a
la CTCH (Confederaci—n de Trabajadores de Chile). En Žl, la hegemon’a burguesa
se expresa claramente en el control del Partido Radical. Esta alianza, logra la
presidencia con Pedro Aguirre Cerda,
quien muere durante el ejercicio de su gobierno (en 1941) tras una nueva
elecci—n, el radical Juan Antonio R’os, pone fin al Frente Popular. Si bien,
Žste gener— algunos procesos desarrollistas (creaci—n de la CORFO por ejemplo)
en general, el desenlace de la Segunda Guerra Mundial oblig— a estos gobiernos
radicales a tomar una actitud pro imperialista. La conferencia de Yalta en
1946, termina forzando, una cruenta persecuci—n a los sectores populares,
poniendo fuera de la ley al PC (Ley maldita) y alineando a Chile en la Guerra
fr’a, que dio origen, contra los pa’ses socialistas. Este periodo concluye con
un fuerte retroceso de la organizaci—n popular, la CTCH dividida, los partidos
populares, enfrentados entre si y los dirigentes sindicales y pol’ticos
perseguidos, encarcelados e incluso asesinados. El PC perseguido por la ley
maldita.
El FRAP, Frente de Acci—n Popular (1956-1969). El fin traum‡tico del Frente
popular, gener— -como toda derrota- una profunda grieta en las fuerzas populares, en
sus partidos, entre ellos y el movimiento sindical, que se prolonga por una
dŽcada. Crisis que lleg— a extremos de dividir al movimiento sindical en una
lucha fraticida, dando origen incluso a enfrentamientos entre trabajadores.
Pero tambiŽn provoc— una profunda discusi—n que concluye con la unidad de la
clase en la Central ònica de Trabajadores de Chile CUT (Feb. 1953) y m‡s tarde en la formaci—n del
FRAP (Frente de Acci—n
Popular, en 1956) que fusiona en un solo frente a comunistas, socialistas y la
CUT. Siendo Žste la expresi—n de la L’nea del frente de Trabajadores.
Luego de dos intentos por llevar a la
presidencia a Salvador Allende (1958-1964), cae derrotado por un estrecho
margen en 1958 lo que une a la burgues’a en 1964. Sin embargo el surgimiento
del FRAP marca el principio de un proceso de unidad de la clase donde consigue
los m‡s importantes logros, y a travŽs de grandes luchas arrebata al sistema
capitalista, reivindicaciones y leyes democratizadoras que pavimentar‡n la
victoria de Salvador Allende en 1970.
La UP, Unidad Popular (1969-1973). Aunque con clara hegemon’a
popular, representa un retroceso hacia la l’nea de colaboraci—n de clase, ya
que busca incorporar a parte de la burgues’a al frente de izquierda que
representaba el FRAP. As’, con sectores del PR y la suma de democristianos
(MAPU e IC), se da origen a la Unidad Popular que en 1970 coloca a Salvador
Allende en la presidencia de la Repœblica. Durante sus tres a–os de gobierno se
logra el mayor avance de las conquistas populares, Reforma Agraria con
distribuci—n de la tierra y fin del latifundio, Nacionalizaci—n de las riquezas b‡sicas y
de todas las empresas estratŽgicas para el desarrollo del pa’s, incluida la
banca que concentra el poder financiero transnacional. Sin embargo, el Gobierno
Popular que agudiza al m‡ximo las
contradicciones de clase, no logra al
mismo tiempo unificar, en una sola fuerza a la clase trabajadora, la que dividida
entre estas dos concepciones,
una reformista que buscaba incorporar a la DC a travŽs de un acuerdo que
entregar’a claramente la hegemon’a para consolidar el proceso y otra
revolucionaria que apuntaba a fortalecer el control popular (poder popular).
Con el movimiento popular dividido y la burgues’a unida, cae aplastado por el cruento golpe militar en 1973.
El MDP, Movimiento Democr‡tico Popular, (1986). Luego de diez a–os de persecuci—n
y retroceso y producto de la agudizaci—n de la lucha popular que desde mayo
1983 se viene dando de una forma espont‡nea en el pa’s, se logra un
acercamiento de los partidos de izquierda (o de sectores de ellos, pues debido
a la represi—n, casi todos se encuentran divididos) PC, PS y MIR, que dan
origen al MDP en 1986, sin embargo en este movimiento, no se percibe la
presencia del frente social, pues el movimiento sindical se encuentra atomizado
y su cœpula (coordinadora Nacional Sindical) manejada por sectores
democristianos, es la œnica que ha logrado subsistir a la cruenta represi—n.
Por otro lado, el movimiento social agrupado en las coordinadoras populares, el
que ha conducido durante tres a–os la lucha anti-dictatorial, no es considerado
en la conformaci—n de dicho Movimiento, por lo que su car‡cter exclusivo, de
movimiento pol’tico lejos de conducir el proceso hacia el fin de la dictadura,
busca la negociaci—n con el proyecto burguŽs pro-norteamericano que a espaldas
del pueblo se viene realizando en la Asamblea de la Civilidad primero, la
Alianza Democr‡tica despuŽs y por ultimo la Concertaci—n.
La Concertaci—n Democr‡tica (1990-hasta hoy) Luego del per’odo de lucha
frontal denominadas protestas populares (1983-1986), que ponen en jaque a la
dictadura, pero sin unidad de clase. Con apoyo del imperio y la
socialdemocracia, aterrizan en Chile una fauna de ex revolucionarios, los que
arrebatan la conducci—n de la lucha antidictatorial a los sectores populares y
conforman la alianza democr‡tica, primero y la concertaci—n despuŽs reviviendo la
alianza pluriclasista, con hegemon’a burguesa y la obvia subordinaci—n de los
trabajadores, tras una falsa contradicci—n dictadura v/s democracia, la que nos gobierna hasta hoy.
Resumiendo, todas estas experiencias, se ven
cruzadas por el rol hegem—nico
que juega ya sea el proletariado o la burgues’a, en el momento hist—rico
determinado.
Las propuestas del Frente de Liberaci—n
Nacional, pasan por una
alianza con la burgues’a nacional ÒdesarrollistaÓ que concluya las tareas
burguesas para luego en una segunda etapa pasar a las tareas de car‡cter
socialista. Por lo mismo la fuerza motriz o sujeto hist—rico seria, en este caso, esta burgues’a
nacional desarrollista aliada al proletariado.
En contrapartida, la Tesis del Frente de
Trabajadores plantea que, en
casi toda LatinoamŽrica (solo se podr’a exceptuar la burgues’a brasile–a), toda
la burgues’a est‡ irremediablemente comprometida con el imperio y por lo mismo cualquier desarrollismo
surgir‡ desde el Estado y con hegemon’a de los trabajadores, a travŽs de sus
partidos, sumados a su organizaci—n clasista la CUT. El frente de trabajadores
se defini— como la alianza de obreros, campesinos, estudiantes e intelectuales
revolucionarios, como el sujeto hist—rico.
El car‡cter Socialista de la revoluci—n
Si algo podemos rescatar de la cruenta
dictadura es que a sangre y fuego concluy— definitivamente la revoluci—n
burguesa. Hoy Chile es una naci—n donde el capitalismo rige hasta sus mas
peque–as relaciones econ—micas. Por lo mismo la tesis de alianza con la burgues’a
solo sirve para impedir el desarrollo de una conciencia socialista.
Pero adem‡s la globalizaci—n, vino a
confirmar, as’ mismo, la muerte del capitalismo liberal. Pues ya no existe
libertad de empresa, el mercado ya no rige la lucha entre la oferta y la
demanda, hoy mas que nunca la econom’a es planificada, la desregulaci—n se
aplica solo a las econom’as dŽbiles (sur), pues las econom’as centrales (el
norte) bonifica, subsidia y controla. La libertad de mercados desapareci— pues
hoy la oferta domina a la demanda
o, dicho de otro modo, los grandes capitales manejan la demanda de acuerdo a
sus intereses. Incluso las libertades pol’ticas y de prensa son controladas por
las trasnacionales, por los oligopolios.
Todo ello nos lleva a sostener que el œnico
camino posible es: el tr‡nsito hacia la sociedad sin clases o socialismo. La formaci—n social chilena
fue definida anteriormente y concluimos en que est‡ conformada por trabajadores
(80%) peque–a y mediana burgues’a (16,8%) y Alta burgues’a financiera e industrial
(2,9%) existiendo muy peque–os grupos que escapen de uno de estos tres grupos
(b‡sicamente agricultura familiar campesina). Pero estos mismos desarrollan una
funci—n h’brida entre asalariado y peque–os propietario, indistintamente.
De aqu’ podemos deducir el car‡cter
socialista de nuestra revoluci—n. Entendemos que el Sujeto Social œnico capaz de producir el cambio hasta
relaciones socialistas de producci—n, son los trabajadores manuales e
intelectuales. Por lo mismo la Fuerza Motriz que impulsar‡ el cambio, estar‡ en la
alianza de los Trabajadores y los Estudiantes
Sus aliados estratŽgicos saldr‡n del resto del pueblo,
principalmente porque la peque–a y mediana burgues’a tiene tantas
contradicciones con los trabajadores como con el gran capital. Pero el car‡cter
internacional del capitalismo (globalizaci—n) hace que su lucha contra el gran
capital sea estŽril. En cambio la construcci—n socialista, al menos en sus
primeras etapas debe considerar a este sector productivo como un aliado
necesario para mantener el desarrollo material necesario para la subsistencia.
A los mipymes, se
les puede catalogar dentro del concepto de clase subordinada, por lo mismo, su
rol est‡ supeditado al quehacer de las clases hegem—nicas, capitalista en este
sistema y socialista bajo la conducci—n proletaria.
3.- Necesidades de Hoy
Los grandes empresarios, -que representan
menos del 5% de la poblaci—n econ—micamente activa- han demostrado tener
-adem‡s del poder-, una enorme capacidad de sobreponerse a sus diferencias
internas, para unirse en lo principal. A travŽs de la CPC (confederaci—n de la
Producci—n y el comercio), manejan todos los hilos e incluso al gobierno. Ellos
desde CasaPiedra (CEP), manejan a los Partidos de la derecha y de la
concertaci—n, deciden las pol’ticas del Banco Central y desde all’ la pol’tica
econ—mica. Eso se llama unidad de la clase, en torno a sus interŽs y a los de su aliado principal el
imperialismo.
En cambio, los trabajadores, que somos m‡s
del 75% de esta poblaci—n, nos encontramos divididos en cuatro centrales
sindicales y en un sinf’n de grupos, partidos y movimientos pol’ticos, lo que
permite la enorme desigualdad en los ingresos, frena el desarrollo y nos
castiga a una eterna frustraci—n, a una super explotaci—n e incluso a la
destrucci—n del medio ambiente y la calidad de vida de toda la poblaci—n.
De la misma manera como el poder econ—mico
se estructura en redes, los trabajadores deben contar con su herramienta,
organizada en redes (centralismo democr‡tico) para hacer efectivo ese poder
popular y construir la democracia del futuro, el socialismo. Por lo mismo, la refundaci—n
de la CUT clasista y
socialista, es una necesidad vital para el movimiento social y pol’tico de los
trabajadores, una œnica central sindical debe ser el objetivo principal.
Los pasos a dar son: la convocatoria a una
amplia Conferencia Nacional Sindical, que sin exclusi—n de ninguna especie, conforme un ComitŽ
Nacional de Unidad Sindical.
Para ello debemos presionar al Departamento Sindical del PS que junto al del
Partido Comunista, deben asegurar la organizaci—n del definitivo Congreso
Constituyente de la CUT (como central œnica). Este ComitŽ Nacional de Unidad
sindical, tendr’a en sus manos la responsabilidad de impulsar Žsta estratŽgica
medida.
Otra necesidad que surge es la Unidad de
la Izquierda, tarea que no
puede seguir posterg‡ndose, para
ello se deber‡ llevar adelante una profunda discusi—n ideol—gica, donde uno de
sus puntos centrales pasa por terminar toda vinculaci—n con la
socialdemocracia, sellando la independencia de todo centro ideol—gico. La antigua
discusi—n revoluci—n o reforma est‡ m‡s viva que nunca. Es evidente que el neoliberalismo es
consecuencia, no s—lo del fin del socialismo soviŽtico, sino que adem‡s del
fracaso de los llamados Òestados de bienestarÓ de la socialdemocracia europea,
hoy principal socia del imperialismo yanki, transform‡ndose en los principales
promotores del liberalismo a travŽs de la tercera v’a.
Esta Unidad de la Izquierda, tendr‡ sentido con la creaci—n de un
Frente Pol’tico Social, que al igual que el FRAP sea la expresi—n clasista
de los trabajadores chilenos,
Žste se constituir‡ con la alianza estratŽgica entre los trabajadores (CUT,
unificada y œnica) m‡s los partidos y referentes de izquierda que adhieran al
socialismo, a los postulados de esta nueva CUT y al programa que de Žl surja,
el que ser‡ el sujeto hist—rico llamado a concretizar el anhelado sue–o de los
trabajadores chilenos, el socialismo.
Sin embargo, no todos los trabajadores ni
todo el pueblo tiene el nivel de conciencia requerido para derrotar a la gran
burgues’a y su aliado el imperialismo yanqui-europeo, por ello es necesario
desarrollar un proceso de Unidad del Pueblo a travŽs de la convocatoria a una Asamblea
Constituyente construida
org‡nicamente en todos los barrios, f‡bricas, centros de trabajo, liceos y
universidades, que discuta una nueva constituci—n la que a travŽs de un
Plebiscito devuelva al pueblo chileno la soberan’a popular, primera piedra de
cualquier sociedad democr‡tica.
Juan Miranda
Socialista como Allende
Septiembre 2008