Cuadro de texto:  La Crisis del Partido Socialista de Chile.
Respuesta a Pepe Balaguer.

A ra’z de la crisis que enfrenta el PS, y de nuestra postura a no abandonar el Partido de Allende, nos lleg— una cr’tica desde Europa de un compa–ero Balaguer. En Žste documento tratamos de dar respuesta al compa–ero pero principalmente lo utilizaremos (positivamente) para exponer en profundidad nuestro pensamiento al respecto. Los comentarios del compa–ero se encuentran debidamente destacados en letra  negrita y cursiva

 

Primera parte

Sobre precisiones:

a) ÓÉ el "leninismo" de Camilo: entre otras lecciones, Lenin nos ense–— que una de las tareas principales de un revolucionario era (y sigue siendo) la lucha por el poder al interior del partido; Ò

Resumir a Len’n a esto me parece una aberraci—n. Las formas como Žl resolvi— los problemas de los bolcheviques (minor’as) es interesante conocerlas s—lo como referencias, pues su aporte  principal est‡ en otros tres ‡mbitos, y ninguno de ellos permite suponer que escalona sea leninista.

El primero y m‡s importante es la ÒConstrucci—n de Partido RevolucionarioÓ, necesario para llevar a la pr‡ctica el Socialismo Cient’fico propuesto por Karl Marx. (como parece que la alusi—n que hace el compa–ero tiene que ver con este punto, huelga decir que Òla lucha por el poder al interior del partidoÓ es un ’nfima reducci—n al pensamiento leninista, propio de los Òpost modernosÓ y renovados que buscan desacreditar al personaje m‡s importante del siglo XX) lo remito a que estudie el ÒQue HacerÓ, para que concluya su formaci—n te—rica.

Otro aporte de Lenin y que tiene que ver tambiŽn con el Partido pero NO CON ESCALONA, es llevar a categor’a cient’fica el ÒAn‡lisis de Situaci—n Pol’ticaÓ (el tema de la correlaci—n de fuerzas, asociada a las condiciones objetivas y subjetivas del desarrollo pol’tico de una coyuntura y como particularidad, el an‡lisis de la situaci—n revolucionaria).

Y por œltimo el tema ÒEl imperialismo, como fase superior del capitalismoÓ siendo Žste el m‡s vigente de los t—picos por Žl, genialmente desarrollados. Como ver‡s ninguno de estos elementos permite catalogar a escalona como leninista.

b) ÒÉ el "progresismo" es una autodefinici—n que han asumido en su totalidad las diferentes fracciones en que ha terminado dispersa la Renovaci—n y es un concepto asumido desde Nœ–ez hasta Ominami; Éen el texto est‡ claramente diferenciado el "progresismo", de la corriente marxista y de sectores, como Martner que no buscan poner tŽrmino al PS.Ó

Progresismo ES ANTAGONICO A MARX y adem‡s aœn est‡ vigente -no resuelta- la contradicci—n fundamental de la izquierda mundial y latinoamericana ÒRevoluci—n o ReformaÓ.

Los conceptos de progresista y progresismo nacieron, en el contexto de la Revoluci—n Liberal del siglo XIX, para designar a los partidarios con la idea de progreso, el cambio social y las transformaciones econ—micas, pol’ticas e intelectuales y se asocia fundamentalmente a su caracter’stica evolutiva. ƒsta fue la causa del quiebre de la Primera Internacional, m‡s tarde,  el concepto ÒprogresoÓ sirvi— para justificar las negociaciones de la socialdemocracia con las potencias capitalistas, en contra del concepto Òrevoluci—nÓ en las dos guerras mundiales y sobre todo en la primera sirvi— para agredir a la naciente naci—n soviŽtica y de paso acabar con los revolucionarios alemanes (Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, entre otros); Con Žste concepto ahora la socialdemocracia pretende ÒengrupirnosÓ para eufem’sticamente, asociar Òprogreso a socialismoÓ pero entendido Žste, solo como progreso con equidad. Aqu’ entran desde escalona hasta Martner, de Ominami (incluido MEO) a Navarro, pasando por Arrate. Incluso Eduardo GutiŽrrez, otrora ÒcomandanteÓ.

c) ÒSobre los or’genes de la crisis del socialismo chilenoÓ. Es el Congreso de Unidad, decimos nosotros; porque la crisis no la origina el nacimiento de la renovaci—n, ser’a darles demasiado crŽdito -como dec’amos antes- Žsta es anterior a los socialistas chilenos, por lo que a nuestro juicio, fue este Congreso en 1990 el que marc— la capitulaci—n de los ÒmarxistasÓ ante los renovados y el que permiti— transformar al partido en socialdem—crata, a espaldas de la militancia y mientras sigamos vinculados a la socialdemocracia, no habr‡ posibilidad de recuperar nuestros principios revolucionarios.

Iremos ahora a lo central de vuestra argumentaci—n.

Dice el compa–ero ÒÉLo sentimos: hay un hecho "nuevo": la grave crisis que atraviesa, una vez m‡s, el sistema capitalista; el no tomar en cuenta este enorme "dato" de la realidad, debilita todo el desarrollo de vuestro texto;Ó

Compa–ero, indudablemente la crisis del sistema capitalista, es el paradigma que est‡ detr‡s, sin embargo, como estamos hablando de la crisis del partido, es necesario comprender que el rol que est‡ jugando Žste, visto desde la crisis del sistema, es absolutamente marginal, dependiente y obsecuente hacia la clase dominante y sometido a la democracia cristiana, madre de la Òrenovaci—nÓ (ver or’genes de Tom‡s Moulian, los Garreton, Gazmuri, Correa, etc. a los que se suman otros renegados socioslistos).

Lamentablemente su existencia socialdem—crata actual, desde esa marginalidad, permite la debilidad de la clase obrera y de toda la clase trabajadora (ya volveremos sobre este tema), porque por la v’a de una casta de dirigentes Òburocr‡ticosÓ y renovados, mantienen a la clase dividida en 4 centrales sindicales (CUT, CNT, CAT en todas ellas hay socialistas) y la CGT que mantiene un papel digno de enfrentamiento al sistema y al modelo, las otras tres hegemonizadas por la alianza PS-DC-PC, se encargan de ÒnegociarÓ esta paz social, que nos agobia como clase y como militantes. Paz de cementerio.

Esto no cambia desde el congreso de Unidad, sin embargo antes de esto, todav’a qued‡bamos militantes insertos en los frentes sociales, conduciendo los restos del gran movimiento social que les permiti— negociar la salida de pinochet. ƒste cay— por la presi—n social que hicimos desde los a–os ochenta, momento que logramos, a pesar del ningœn apoyo de esa renovaci—n, que afuera profitaba de la lucha del interior. Fue luego de ese Congreso que la izquierda comenz— en Chile el largo proceso de descomposici—n. Por ello sostenemos que salirse del partido es solo un acto de pantomima, Òpara que creanÓ, porque mientras exista la alianza entre PS-DC (y ahora sumado el PC), el  movimiento popular seguir‡ sin conducci—n. 

A tu pregunta ÒÀquŽ sabemos hoy, m‡s de lo que sab’a Allende, en 1973, de la clase obrera chilena?.Ó

Globalizaci—n

La Žpoca imperialista se caracteriz— principalmente por la organizaci—n de la producci—n llamada ÒfordistaÓ, y es la de producci—n en cadena. Las Industrias, concentraban gran parte de los procesos productivos asociados, desde fundiciones, hasta productos de consumo masivo, pasando por toda la gama intermedia de productos y procesos. Esto dio origen a grandes usinas y a mucha concentraci—n obrera. Entonces una f‡brica lanzaba al mercado miles de productos hechos en serie y a bajo costo.

Lo fundamental eran buenos puertos, buen transporte, buenas carreteras y comunicaci—n telef—nica. M‡s cuando llegaba el momento de la saturaci—n de los mercados (crisis c’clicas), hab’a por un lado que expandirse (agranda el mercado) y por otro abaratar la mano de obra (achica el mercado).

Estamos hablando de producci—n material, tambiŽn hablamos de capital, ambos conceptos aparentemente est‡n indisolublemente ligados, pero no es as’, el capital buscando optimizar su rendimiento, o sea reproducirse con el menor esfuerzo posible, termina independiz‡ndose  de la producci—n y aparecen los ÒrentistasÓ. Primero son usureros, prestamistas y luego devienen en banqueros, capitalistas que prestan dinero a cambio de intereses.

En un primer momento son despreciables individuos que profitan de la necesidad ajena a cambio de una alta tasa de interŽs, luego se transforman, sobre todo en Žpocas de crisis, en financistas de procesos productivos y m‡s tarde devienen en honorables banqueros. Esa es la historia familiar de Agust’n Edwards, conocido usurero en Valpara’so que a fines del siglo 19, financi— la aventura de Thomas North, de apropiarse del salitre a travŽs de la Guerra del Pac’fico. Esta es, adem‡s, la historia del capital financiero, que con detalles m‡s o menos, se repite en todo el mundo y Žste logra adherirse como un par‡sito a todos los procesos productivos.

Por otro lado, en todo este proceso, el capital financiero cada vez concentra en sus manos mayor poder, pero al mismo tiempo se aleja del proceso productivo y por medio de los bancos, financieras, acciones, etc., extrae en forma de intereses todo el excedente que puede de los sectores industriales. El problema que se les plantea es que, los mercados dominados est‡n en todo el globo y es necesaria una mayor movilidad y comunicaci—n.

Aqu’ surge la WEB (red internet) la que pone al servicio de este capitalismo financiero, y en su escritorio, todo el mundo. Gran invento, enorme desarrollo de las fuerzas productivas, no s—lo por los mercados, las acciones, la informaci—n, etc., sino principalmente porque transforma al mundo en una sola gran f‡brica, controlada por la red. Esto da curso a un cambio sustancial en el capitalismo.

De la empresa ÒFordistaÓ, en alusi—n a Henri Ford, quien desarroll— en sus empresas el modelo antes descrito, saltamos al modelo ÒToyotistaÓ (Toyota) que consiste en producir de acuerdo al mercado, y que hoy se expresa en que un individuo de cualquier lugar del planeta puede comprar por la red, lo que quiera y en 48 horas lo tiene en su casa.

Para ello se desarroll— todo un proceso de externalizaci—n de los procesos productivos y la desterritorializaci—n de las empresas. Esto significa que un autom—vil se puede armar con piezas y partes que se fabrican en todo el mundo, y a pedido. Todo esto era imposible sin la red (WEB). Aqu’, los capitalistas resolvieron varios problemas a la vez, y con ello el m‡s importante, por un lado al reducirse el tama–o de las empresas tambiŽn perdi— fuerzas la lucha sindical, œnico freno a la explotaci—n.

Adem‡s el sistema se hizo m‡s eficiente y m‡s productivo a un menor costo (utilizaci—n barata de mano de obra en pa’ses pobres). El problema que les surge, es que el mercado est‡ cada vez m‡s deprimido (reducido) por los altos niveles de cesant’a, por lo que los excedentes, ya no tienen hacia donde expandirse, han tocado techo y piso. Y como el mercado lo formamos las personas, los trabajadores, y estos son cada vez m‡s pobres, tambiŽn los mercados son incapaces de absorber estos nuevos excedentes.

Entonces los grandes capitalistas se auto-enga–an con lo que ellos llaman Òproducci—n inmaterialÓ. La compra venta de acciones, el cobro de derechos de autor (marcas registradas y patentes), venta de softweare, el cobro de intereses, los bancos y financieras, etc. Forman, de esta manera, un gran globo que con orgullo exponen como el triunfo del capitalismo sobre el socialismo.

El hecho de que en Žsta fase del desarrollo capitalista (refiriŽndonos a la hegemon’a del capital financiero) se transformen en predominantes formas inmateriales de las mercanc’as otorg‡ndole al trabajo intelectual un gran peso en la din‡mica econ—mica, no cambia en nada las relaciones sociales de producci—n que hay en la base y la ley del valor que las rige. En primer lugar porque ese trabajo intelectual, tambiŽn es trabajo humano y no una creaci—n del capital financiero; y adem‡s porque el concepto de tecnolog’a involucra tambiŽn, adem‡s de las m‡quinas, las distintas formas de organizaci—n del proceso productivo, esfera en la que entran los inventos, software, etc. .

El triunfo de la ÒaparienciaÓ pretende que la imagen reflejada por un espejo supere a la realidad -porque efectivamente ha habido transformaci—n del trabajo y hoy no se producen las mismas cosas, ni del mismo modo que hace treinta o cuarenta a–os- no da en absoluto para pensar y afirmar que la explotaci—n haya sido superada y caer en el absurdo de declarar que la riqueza hoy la produce la computaci—n.

La visi—n de Marx, m‡s all‡ de toda ÒaparienciaÓ, consisti— en se–alar la verdadera conexi—n de las relaciones sociales fundamentales entre las clases:

En el capitalismo s—lo el tiempo de la fuerza de trabajo consumida en la producci—n, es fuente, origen y medida del valor y la ganancia se obtiene de la apropiaci—n de una parte de este valor que crean los trabajadores.

La falsa idea de que el trabajo s—lo participa de manera secundaria en la producci—n, se afirma en otra idea, tambiŽn falsa, segœn la cual el trabajo perdi— su importancia. Esto a nuestro juicio, solo busca justificar la permanencia del desempleo masivo y otorgar a los patrones el derecho a contratar y despedir a su arbitrio a los trabajadores, con la mentira de que el satisfacer sus necesidades b‡sicas pasa por otras v’as (la limosna, el estado o el subempleo).

Sin embargo ellos, a travŽs de la tercerizaci—n, subcontrataci—n o externalizaci—n, extraen de la explotaci—n que la micro y mediana empresa genera, los excedentes a travŽs del mercado financiero (bancos, prŽstamos, cuentas corrientes, etc.). Esto se llama explotaci—n por encargo y sin derechos para los explotados.

Esta misma visi—n de Marx nos muestra que todo el enriquecimiento financiero no es m‡s que una captaci—n del valor producido, en el proceso de producci—n donde el trabajo juega el papel central. Entender la bancarrota de la Ònueva econom’aÓ deriva del hecho de que precisamente esta din‡mica financiera estuvo privada de mercanc’as como sustrato de valor y por eso su derrumbe.  Dicho m‡s simple, el juego especulativo de vender y comparar (ventas a futuro, Tarjetas de crŽditos, prŽstamos hipotecarios, etc,) se fue alejando cada vez m‡s de la econom’a real, de lo material, terminando en un gran globo que representa cincuenta veces la producci—n material existente.

Dadas estas condiciones, afirmamos categ—ricamente que el capitalismo ha fracasado con el ensayo de nuevas formas de dominaci—n y que Žstas no revelan otra cosa, que los nuevos intentos de mantener su esencia expoliadora de los recursos naturales, opresiva y explotadora de los trabajadores que producen las riquezas. Pero aun queda explicarnos como sucede este fen—meno de inflar una econom’a global carente de respaldo material.

Segunda parte

ÒSer’a interesante una explicaci—n acerca del por quŽ se cayeron las candidaturas de Insulza y de Lagos;É.Ó

Para comprender el err‡tico rumbo que ha seguido el Partido en la nominaci—n de Frei como candidato, es necesario recurrir a una explicaci—n m‡s profunda, el car‡cter de clase de la concertaci—n.

Antes debemos precisar que el tema de la ÒburocraciaÓ al que da tanta importancia el co. Balaguer, es un tema de segundo orden, tal vez importante pero que no determina el principal y Žste es, quŽ clase representa cada sector. Con esto adem‡s respondemos la duda que tiene sobre el car‡cter de derecha de la concertaci—n.

La derrota del 73, se sustenta en la fuerte agresi—n imperialista al car‡cter revolucionario del Programa Popular que estaba aplicando Salvador Allende, en contra de Žste, de la gran burgues’a industrial, la oligarqu’a terrateniente y de la gran Burgues’a Financiera (expropiaci—n de toda la Banca, junto a la nacionalizaci—n de las riquezas b‡sicas, creaci—n del çrea de Propiedad Social y Reforma Agraria).

Esta Alianza formada contra Allende, sustentada pol’ticamente por la CODE (confederaci—n democr‡tica) ten’a en su interior a los representantes de cada una de ellas; Partido Nacional por la grande y media burgues’a nacional y la oligarqu’a terrateniente, la Democracia Cristiana representante del Imperialismo (financiada por la alianza para el progreso, herramienta creada para combatir a la Revoluci—n Cubana (ver estudio de CortŽs Terzi, antes de ser renovado), a ellos se sumaron sectores fascistas del ejercito (representados por MNPL) y sectores de la socialdemocracia (PIR), totalmente marginales.

Sin ‡nimo de eludir el per’odo 1973-1990, creemos que la dictadura durante todo ese per’odo s—lo reflej— algunas contradicciones menores entre las clases en el poder. Menores no por su importancia (mantenci—n de la reforma agraria, entregando las tierras expropiadas a nuevos sectores burgueses, por ejemplo), sino porque implicaban solo sutiles cambios en los grupos de poder.

Su problema fundamental fue con el imperio. A pesar de  que Pinochet, cre— todos los mecanismos para devolverles el cobre, LA MOVILIZACION POPULAR, sobre todo luego de 1983 sumado a la enorme presi—n internacional, le impidieron concretar ese compromiso. El gran capital trasnacional no se arriesga a invertir con esos grados de ingobernabilidad. Entonces cae de caj—n el objetivo del imperio:

Recuperar la gobernabilidad, manteniendo el modelo econ—mico, adormecer la movilizaci—n social y mantener el andamiaje institucional, la constituci—n del ochenta. Es en ese momento en que la DC se transforma en ÒprogresistaÓ, y recurre en primera instancia a la socialdemocracia (Lagos que ya hab’a disfrutado de una placentera vida en EEUU, presta sus buenos oficios) y sumado a una espuria negociaci—n de la cœpula del PS con el Departamento de Estado Norteamericano, dan inicio a las negociaciones con el tirano para la Òtransici—n a la democraciaÓ, siendo la Alianza Democr‡tica su instrumento.

Resumiendo, la crisis socialista, comienza a incoarse, en esa direcci—n exterior que negocia a espaldas de la militancia, quienes Žramos los que conduc’amos las movilizaciones populares por derrocar a la dictadura. Sobre nuestra lucha negociaron y nos vendieron al imperio. Por lo mismo la concertaci—n hasta hoy cumpli— plenamente la tarea encomendada, y podemos definirla como la alianza pluriclasista con hegemon’a imperialista, de la Gran burgues’a, y la subordinaci—n de las cœpulas de los partidos otrora de la clase trabajadora. Espero no sea este an‡lisis considerado del "marxismo vulgar".

ÒÉNo es Trotsky el primero que se ocupa del fen—meno de la burocracia y seguramente son los liberales cl‡sicos los que analizan su surgimiento y desarrollo, É; con el desarrollo y la complejidad creciente del capitalismo, se ha profundizado el fen—meno burocr‡tico. Tres elementos, entre otros, explican el nacimiento y desarrollo de una clase burocr‡tica: la incapacidad del capitalismo de realizar su propia regulaci—n, la progresiva pŽrdida por parte del "capitalista individual" del usufructo  y control de la "propiedad privada de los medios de producci—n", la pŽrdida de la gesti—n de la divisi—n tŽcnica del trabajo, y de la divisi—n social del mismo y, por consecuencia la extensi—n y desarrollo del aparato burocr‡tico del estado y el aparato burocr‡tico al interior de la empresa.Ó

Parece que en su deseo de dar importancia a sus conocimientos del ÒviejoÓ (como llama a Trotzky), fuerza torpemente el an‡lisis. Lo que verdaderamente ocurre con el Òneo liberalismoÓ no es otra cosa que la consolidaci—n del dominio de la burgues’a financiera del control de todo el poder. Y en ningœn caso Žste "capitalista individual" es reemplazado por aquella clase ÒburocraciaÓ,  categor’a social indefinida, que incluso algunos llegan a darle la categor’a de Òclase mediaÓ, para confundir la categorizaci—n de las clases en relaci—n a la propiedad o no de los medios de producci—n.

El Partido Socialista, en su propuesta de Frente de Trabajadores, es m‡s preciso frente al tema, al hablar de clase trabajadora involucrando a todos aquellos trabajadores manuales e intelectuales, que de la œnica propiedad que disponen es su fuerza de trabajo, misma que venden en el mercado al capitalista. El fen—meno de la tercerizaci—n ha acrecentado esta caracter’stica del proletariado moderno al eliminar, pr‡cticamente, los oficios, hoy un empleado de banco, f‡cilmente pasa a ser obrero de la construcci—n, minero u obrero textil y viceversa. Ese y no otro, es el signo de los nuevos tiempos.

Es aqu’ donde queda claro el proyecto pol’tico del liberalismo. Un juego permanente entre democracia y dictadura, la democracia de la representaci—n, distinta Žsta a la democracia de la participaci—n que se vivi— durante el antiguo liberalismo. Hoy lo que interesa, es que un grupo tŽcnico (tecnocracia) represente a la ciudadan’a en todos sus aspectos (econ—mico, pol’tico y social), pero sin participaci—n. As’ los Colegios Profesionales, la CUT, los grupos econ—micos, las iglesias e incluso, todos los partidos pol’ticos, funcionan por representaci—n, es decir cupulares. Y en cada uno de ellos son los llamados Òpoderes f‡cticosÓ quienes verdaderamente gobiernan. En definitiva la Òdemocracia burguesaÓ no es m‡s que un circo de variedades para entretener a la poblaci—n, lejos del cuestionamiento social, far‡ndula representada fielmente por los medios de comunicaci—n.

Paralelo a esto se estructura el poder represivo, policial y militar. Es Žste el que representa verdaderamente como se organiza el poder econ—mico. El poder del capital financiero, no funciona con democracia, Žste es siempre mon‡rquico y corre en paralelo con las estructuras represivas, es por tanto el poder militar construido, como garante del sistema de dominaci—n de clase la verdadera expresi—n de la democracia burguesa. Cualquier cuestionamiento verdadero al sistema de dominaci—n pasa necesariamente por el control de Žl.

Formaci—n Social en Chile

Para elaborar un estrategia, necesariamente debemos reconocer exactamente la construcci—n de la estructura del poder en el Chile y consecuente con lo que hemos sostenido partamos por la econom’a.

a) econom’a. El PIB (producto interno bruto), es la cifra econ—mica que refleja lo que verdaderamente se produce en cada pa’s y sobre esa base se elaboran todos los planes de crecimiento econ—mico, pues bien, las exportaciones representaron el a–o 2004, en Chile el 33% del PIB,  US$ 32.004 millones  y el a–o 2006 fueron el 49% del PIB US$ 58.210 millones. 

Segœn se deriva de las Datos de la Direcci—n del Trabajo del Gobierno de Chile se deduce que la composici—n de clases de los ocupados de nuestro pa’s es:

Patrones (Alta burgues’a)                      196.010            2,7%

Peque–a y Mediana Burgues’a            1.205.463          16,8%     (533.479 son microempresarios formales)

Trabajadores                                     5.787.697          80,5%     (656.843 trabajadores informales)

Total ocupados                               7.189.170        100,0%

Sin embargo, a pesar de las transformaciones, la relaci—n capital/trabajo sigue siendo la generadora de plusvalor. A modo de ejemplo diremos que el empleo generado por las distintas empresas, segœn datos oficiales es

                                               Empleo          ventas totales                          exportaciones

Micro y peque–as empresas           70%          15.205 mill. US$     12,8%          (6.927 mill.US$)        1,19%

Medianas y grandes                      30%       103.590 mill. US$     87,2%       (57.517 mill US$)      98,81%

Entonces queda la sensaci—n que solo el treinta por ciento de los trabajadores estar’an ligados a la generaci—n de casi el  90% de la riqueza, sin embargo no es as’.

Por un lado, el Producto Interno Bruto de un a–o mide el valor global de los bienes y servicios finales producidos en ese a–o. Por otro lado, el PIB est‡ constituido fundamentalmente  por la suma global de las remuneraciones de los trabajadores y los excedentes brutos de explotaci—n (ganancias globales de las empresas). La siguiente tabla nos indica como se distribuye la riqueza en nuestra pa’s.

Participaci—n de las Remuneraciones y de las Ganancias en el PIB 2003-2006

(En porcentajes)

A–os                                                                 2003                 2004            2005          2006

     Fuerza de trabajo (salarios)                               41,2%               39,0%       37,4%          34,9%

     Excedente Bruto de Explotaci—n (ganacias)         46,7%               49,3%       51,0%          53,7%

     Impuestos Netos de Subvenciones                    12,0%               11,7%       11,7%          11,4%

     PIB                                                              100,0%             100,0%      100,0%        100,0%

            Fuente: 2003 a 2005, reproducci—n de informaci—n del Banco Central de Chile

            2006, sobre la base de informaciones del Banco Central

De la cruza de estas informaciones concluimos que el 2,9% de la poblaci—n disfruta de la mitad de la producci—n y creciendo de acuerdo al nuevo patr—n de acumulaci—n. N—tese que hasta aqu’ hemos hablado de trabajadores en general, no hablamos de ricos o pobres, aunque generalmente coincide por la desigual distribuci—n del ingreso, pero lo importante es que los productores son la mayor’a, los que viven de su trabajo, no importa el salario.

De la tercerizaci—n.

Sin embargo, este 30% de trabajadores que producir’a casi el 90% de la riqueza, es una de las mentiras de este neoliberalismo, porque en realidad el 70% restante es el que est‡ tercerizado o subcontratado y por la v’a del control financiero, termina igual el 2,9% m‡s poderoso apropi‡ndose del 53,7% de la riqueza total.

Este es el gran invento que permite hablar de neoliberalismo. Al aplicar el Òcentralismo democr‡ticoÒ a la producci—n, el gran capital financiero, delega la actividad productiva atomiz‡ndola, en toda la estructura econ—mica del globo (principalmente peque–as y micro empresas), para luego v’a tecnolog’a de las comunicaciones (web, Internet e intranet) planificar, distribuir y gobernar toda la producci—n mundial y tambiŽn por la misma v’a recoger sus frutos. Dicho de otro modo, el capital financiero ES EL MERCADO. Este todopoderoso ser mitol—gico que regula toda la actividad humana, hoy est‡ controlado por el Fondo Monetario Internacional, El Banco Mundial y la Organizaci—n Mundial de Comercio. En suma por el Consenso de Washington.

ÒEn Chile existe un desarrollo hipertrofiado del aparato burocr‡tico, É agudizado durante el per’odo del Gobierno Militar y sentenciado por el proceso de "transici—nÓÉ.Ó Luego de lo anterior no vale la pena detenerse a discutir esta joyita del Òtroskismo bulgarÓ, puŽs no soporta el m‡s m’nimo an‡lisis.

ÒNo es el "personaje privado" Frei lo que nos interesa, lo que interesa saber es quŽ intereses de clase representa; si fuera como ustedes dicen "son la m‡s pura representaci—n de la gran Burgues’a aliada al imperialismo", no habr’a candidatura Pi–era, que tampoco es todo el "capital".Ó

Nos da la impresi—n que toda la informaci—n que recibes del embajador, se–or Martner, est‡ un poquito distorsionada. Por si no te has dado cuenta, Pi–era representa solo a un peque–o sector de la gran burgues’a nacional (casi a Žl mismo) que trata de disputarle al imperio, tras una negociaci—n intra clase, algunas cuotas de poder, pero est‡ claro que Pi–era no ser‡ presidente, porque el imperio no lo quiere (Àde quŽ otra forma se entender’a que la CIA haya desclasificado la informaci—n que el padre de Pi–era fue su agente desde 1964?). Busca, compa–ero, la informaci—n del CEP (centro de estudios pœblicos) ente que representa los m‡s puros intereses de la gran burgues’a financiera, nacional y trasnacional, misma que aplaudi— a Ricardo Lagos, aplaude a Michelle Bachelet y aplaudir‡ a Frei O A CUALQUIERA QUE LLEVE LA CONCERTACION, para el cumplimiento de su proyecto hist—rico de clase.

ÒPero volvamos al PS y preguntŽmonos: quŽ intereses de clase representa Escalona?

La clase obrera? No, El capitalÓ ÀNo?

Marx define dos conceptos muy œtiles para estos efectos, Clase en si y Clase para si. No vamos a explicar que significan, solo vamos a sostener sin temor a equ’vocos, que camilo y la mayor’a de la cœpula dirigente del PS, asumieron en la categor’a de clase para s’, todos los valores y principios del capital financiero, al punto tal que, los fondos recuperados por el Partido en relaci—n a lo expropiado por la dictadura, se manejan hoy en el mercado de valores, transformando al PS en un accionista de la bolsa y en el œnico partido que muestra beneficios econ—micos permanentes.

Hoy ÒsomosÓ socios explotadores, directos e indirectos, del Transantiago, de las carreteras concesionadas y quiz‡ de cuantas otras empresas en el rubro del cobre (que tal vez explicar’a la enorme fortuna de Solari y Loyola, han obtenido a travŽs del Consejo Minero). Seguramente el compa–ero Martner, que fue presidente del Partido, te podr’a dar m‡s datos de las propiedades y acciones que dispone hoy el Partido Socialista.

A la luz de lo anterior, es dif’cil pretender ser mayor’a en un partido que claudic— y reneg— de su historia, de sus principios y de sus m‡rtires. Partido que se sostiene en el poder econ—mico que maneja discrecionalmente una cœpula de corruptos.

Sin embargo lo que est‡ en cuesti—n ahora, no es la propiedad material de lo que hoy es el PS, sino algo mucho m‡s caro, la propiedad  del LEGADO HISTîRICO construido por generaciones de cuadros revolucionarios que en diferentes per’odos fueron aportando a la construcci—n ideol—gica de los trabajadores chilenos, desde la Repœblica Socialista de 1932 (Eugenio Matte Hurtado), Pasando por la Fundaci—n del Partido (Oscar Schnake), el Programa del 47 Nacido de la Conferencia Nacional de Programa (Eugenio Gonz‡lez),  hasta el Gobierno Popular de 1971-1973(Salvador Allende), sustentado por las 482 vidas de militantes socialistas sacrificadas en los duros a–os de represi—n (Carlos Lorca, Ezequiel Ponce, CŽsar Godoy, Juan Soto Cerda, entre tantos), con ellos es nuestro compromiso de rescatar nuestro Partido para los Trabajadores y como dec’amos en otro documento ÒHabr‡ Partido Socialista para los trabajadores o no habr‡ para nadie.Ó

Breve Historia (Legado de Salvador Allende)

Los trabajadores Chilenos, a travŽs de sus partidos de clase, asumen desde muy temprano (1920). Con Luis Emilio Recabarren, una matriz de construcci—n socialista. Pero tambiŽn desde 1938, dos proyectos diferentes de alianzas de clases.

Una de sus vertientes, El Frente de Liberaci—n Nacional, parte de la premisa que la formaci—n social chilena, sufre un retraso en su conformaci—n, debido a que, la burgues’a chilena, incapaz de realizar su propia revoluci—n democr‡tico-burguesa, adquiere desde sus or’genes un car‡cter entreguista a los centros hegem—nicos del capital. Primero a Espa–a, luego a Inglaterra y finalmente a EEUU, dando origen a un sistema econ—mico h’brido, caracterizado por algunos como semifeudal.  Esta concepci—n, considera la existencia  de un sector de la burgues’a de car‡cter nacionalista. Que por sus contradicciones antag—nicas con el capital trasnacional, propugnar’a un desarrollo hacia adentro, y que unida a los trabajadores podr’a, a travŽs de un frente pluriclasista (Frentes populares), concluir el necesario desarrollo capitalista, para en una etapa posterior, iniciar la lucha por el socialismo. Esta tesis, se vio fortalecida por un factor de car‡cter internacional: la subordinaci—n de la lucha a los objetivos del proletariado soviŽtico (el socialismo en un s—lo pa’s), estimulada por la necesidad de salvar al socialismo soviŽtico de los embates de las dos Guerras Mundiales y de la posterior guerra fr’a.

La otra vertiente, L’nea del frente de trabajadores, que tras la afirmaci—n del car‡cter cient’fico del socialismo, propone la construcci—n de una Repœblica Democr‡tica de Trabajadores. Reconociendo la lucha de clases como una realidad, asume a la clase trabajadora como sujeto hist—rico capaz de concretarla. M‡s tarde, en el llamado programa de 1947, reafirma aœn m‡s sus contenidos. Esta concepci—n, admitiendo el diagn—stico de una formaci—n social tard’a de car‡cter semifeudal, donde coexisten la industria moderna con el latifundio, generadora del atraso econ—mico, difiere en la existencia de una parte de la burgues’a chilena interesada o motivada, en forma independiente, a generar un desarrollo nacional del capitalismo, Declara que la clase trabajadora es la œnica clase capaz de completar ese necesario desarrollo y la continuaci—n, como un proceso ininterrumpido del socialismo.

El movimiento obrero Chileno se ve enfrentado a esta contradicci—n que se ha repetido alternativamente en varios per’odos hist—ricos. Analizaremos los m‡s importantes;

El Frente Popular (1938-1941). Este frente nace producto de la alianza de los partidos populares (PC y PS) m‡s el Partido Radical junto a la CTCH (Confederaci—n de Trabajadores de Chile). En Žl, la hegemon’a burguesa se expresa claramente en el control del Partido Radical. Esta alianza, logra la presidencia con Pedro Aguirre Cerda, quien muere durante el ejercicio de su gobierno (en 1941) tras una nueva elecci—n, el radical Juan Antonio R’os, pone fin al Frente Popular. Si bien, Žste gener— algunos procesos desarrollistas (creaci—n de la CORFO por ejemplo) en general, el desenlace de la Segunda Guerra Mundial oblig— a estos gobiernos radicales a tomar una actitud pro imperialista. La conferencia de Yalta en 1946, termina forzando, una cruenta persecuci—n a los sectores populares, poniendo fuera de la ley al PC (Ley maldita) y alineando a Chile en la Guerra fr’a, que dio origen, contra los pa’ses socialistas. Este periodo concluye con un fuerte retroceso de la organizaci—n popular, la CTCH dividida, los partidos populares, enfrentados entre si y los dirigentes sindicales y pol’ticos perseguidos, encarcelados e incluso asesinados. El PC perseguido por la ley maldita.

El FRAP, Frente de Acci—n Popular (1956-1969). El fin traum‡tico del Frente popular, gener— -como toda derrota-    una profunda grieta en las fuerzas populares, en sus partidos, entre ellos y el movimiento sindical, que se prolonga por una dŽcada. Crisis que lleg— a extremos de dividir al movimiento sindical en una lucha fraticida, dando origen incluso a enfrentamientos entre trabajadores. Pero tambiŽn provoc— una profunda discusi—n que concluye con la unidad de la clase en la Central ònica de Trabajadores de Chile CUT (Feb. 1953) y m‡s tarde en la formaci—n del FRAP (Frente de Acci—n Popular, en 1956) que fusiona en un solo frente a comunistas, socialistas y la CUT. Siendo Žste la expresi—n de la L’nea del frente de Trabajadores.

Luego de dos intentos por llevar a la presidencia a Salvador Allende (1958-1964), cae derrotado por un estrecho margen en 1958 lo que une a la burgues’a en 1964. Sin embargo el surgimiento del FRAP marca el principio de un proceso de unidad de la clase donde consigue los m‡s importantes logros, y a travŽs de grandes luchas arrebata al sistema capitalista, reivindicaciones y leyes democratizadoras que pavimentar‡n la victoria de Salvador Allende en 1970.

La UP, Unidad Popular (1969-1973). Aunque con clara hegemon’a popular, representa un retroceso hacia la l’nea de colaboraci—n de clase, ya que busca incorporar a parte de la burgues’a al frente de izquierda que representaba el FRAP. As’, con sectores del PR y la suma de democristianos (MAPU e IC), se da origen a la Unidad Popular que en 1970 coloca a Salvador Allende en la presidencia de la Repœblica. Durante sus tres a–os de gobierno se logra el mayor avance de las conquistas populares, Reforma Agraria con distribuci—n de la tierra y fin del latifundio, Nacionalizaci—n de las riquezas b‡sicas y de todas las empresas estratŽgicas para el desarrollo del pa’s, incluida la banca que concentra el poder financiero transnacional. Sin embargo, el Gobierno Popular que agudiza al m‡ximo  las contradicciones de clase, no logra al  mismo tiempo unificar, en una sola fuerza a la clase trabajadora, la que dividida entre estas dos concepciones, una reformista que buscaba incorporar a la DC a travŽs de un acuerdo que entregar’a claramente la hegemon’a para consolidar el proceso y otra revolucionaria que apuntaba a fortalecer el control popular (poder popular). Con el movimiento popular dividido y la burgues’a  unida, cae aplastado por el cruento golpe militar en 1973.

El MDP, Movimiento Democr‡tico Popular, (1986). Luego de diez a–os de persecuci—n y retroceso y producto de la agudizaci—n de la lucha popular que desde mayo 1983 se viene dando de una forma espont‡nea en el pa’s, se logra un acercamiento de los partidos de izquierda (o de sectores de ellos, pues debido a la represi—n, casi todos se encuentran divididos) PC, PS y MIR, que dan origen al MDP en 1986, sin embargo en este movimiento, no se percibe la presencia del frente social, pues el movimiento sindical se encuentra atomizado y su cœpula (coordinadora Nacional Sindical) manejada por sectores democristianos, es la œnica que ha logrado subsistir a la cruenta represi—n. Por otro lado, el movimiento social agrupado en las coordinadoras populares, el que ha conducido durante tres a–os la lucha anti-dictatorial, no es considerado en la conformaci—n de dicho Movimiento, por lo que su car‡cter exclusivo, de movimiento pol’tico lejos de conducir el proceso hacia el fin de la dictadura, busca la negociaci—n con el proyecto burguŽs pro-norteamericano que a espaldas del pueblo se viene realizando en la Asamblea de la Civilidad primero, la Alianza Democr‡tica despuŽs y por ultimo la Concertaci—n. 

La Concertaci—n Democr‡tica (1990-hasta hoy) Luego del per’odo de lucha frontal denominadas protestas populares (1983-1986), que ponen en jaque a la dictadura, pero sin unidad de clase. Con apoyo del imperio y la socialdemocracia, aterrizan en Chile una fauna de ex revolucionarios, los que arrebatan la conducci—n de la lucha antidictatorial a los sectores populares y conforman la alianza democr‡tica, primero y la concertaci—n despuŽs reviviendo la alianza pluriclasista, con hegemon’a burguesa y la obvia subordinaci—n de los trabajadores, tras una falsa contradicci—n dictadura v/s  democracia, la que nos gobierna hasta hoy.

Resumiendo, todas estas experiencias, se ven cruzadas por el rol hegem—nico que juega ya sea el proletariado o la burgues’a, en el momento hist—rico determinado.

Las propuestas del Frente de Liberaci—n Nacional, pasan por una alianza con la burgues’a nacional ÒdesarrollistaÓ que concluya las tareas burguesas para luego en una segunda etapa pasar a las tareas de car‡cter socialista. Por lo mismo la fuerza motriz o sujeto hist—rico seria, en este caso, esta burgues’a nacional desarrollista aliada al proletariado.

En contrapartida, la Tesis del Frente de Trabajadores plantea que, en casi toda LatinoamŽrica (solo se podr’a exceptuar la burgues’a brasile–a), toda la burgues’a est‡ irremediablemente comprometida con el imperio y por lo mismo cualquier desarrollismo surgir‡ desde el Estado y con hegemon’a de los trabajadores, a travŽs de sus partidos, sumados a su organizaci—n clasista la CUT. El frente de trabajadores se defini— como la alianza de obreros, campesinos, estudiantes e intelectuales revolucionarios, como el sujeto hist—rico.

El car‡cter Socialista de la revoluci—n

Si algo podemos rescatar de la cruenta dictadura es que a sangre y fuego concluy— definitivamente la revoluci—n burguesa. Hoy Chile es una naci—n donde el capitalismo rige hasta sus mas peque–as relaciones econ—micas. Por lo mismo la tesis de alianza con la burgues’a solo sirve para impedir el desarrollo de una conciencia socialista.

Pero adem‡s la globalizaci—n, vino a confirmar, as’ mismo, la muerte del capitalismo liberal. Pues ya no existe libertad de empresa, el mercado ya no rige la lucha entre la oferta y la demanda, hoy mas que nunca la econom’a es planificada, la desregulaci—n se aplica solo a las econom’as dŽbiles (sur), pues las econom’as centrales (el norte) bonifica, subsidia y controla. La libertad de mercados desapareci— pues hoy la oferta domina a la demanda o, dicho de otro modo, los grandes capitales manejan la demanda de acuerdo a sus intereses. Incluso las libertades pol’ticas y de prensa son controladas por las trasnacionales, por los oligopolios.

Todo ello nos lleva a sostener que el œnico camino posible es: el tr‡nsito hacia la sociedad sin clases o socialismo. La formaci—n social chilena fue definida anteriormente y concluimos en que est‡ conformada por trabajadores (80%) peque–a y mediana burgues’a (16,8%) y Alta burgues’a financiera e industrial (2,9%) existiendo muy peque–os grupos que escapen de uno de estos tres grupos (b‡sicamente agricultura familiar campesina). Pero estos mismos desarrollan una funci—n h’brida entre asalariado y peque–os propietario, indistintamente.

De aqu’ podemos deducir el car‡cter socialista de nuestra revoluci—n. Entendemos que el Sujeto Social œnico capaz de producir el cambio hasta relaciones socialistas de producci—n, son los trabajadores manuales e intelectuales. Por lo mismo la Fuerza Motriz que impulsar‡ el cambio, estar‡ en la alianza de los Trabajadores y los Estudiantes

Sus aliados estratŽgicos saldr‡n del resto del pueblo, principalmente porque la peque–a y mediana burgues’a tiene tantas contradicciones con los trabajadores como con el gran capital. Pero el car‡cter internacional del capitalismo (globalizaci—n) hace que su lucha contra el gran capital sea estŽril. En cambio la construcci—n socialista, al menos en sus primeras etapas debe considerar a este sector productivo como un aliado necesario para mantener el desarrollo material necesario para la subsistencia. A los mipymes, se les puede catalogar dentro del concepto de clase subordinada, por lo mismo, su rol est‡ supeditado al quehacer de las clases hegem—nicas, capitalista en este sistema y socialista bajo la conducci—n proletaria.

3.- Necesidades de Hoy

Los grandes empresarios, -que representan menos del 5% de la poblaci—n econ—micamente activa- han demostrado tener -adem‡s del poder-, una enorme capacidad de sobreponerse a sus diferencias internas, para unirse en lo principal. A travŽs de la CPC (confederaci—n de la Producci—n y el comercio), manejan todos los hilos e incluso al gobierno. Ellos desde CasaPiedra (CEP), manejan a los Partidos de la derecha y de la concertaci—n, deciden las pol’ticas del Banco Central y desde all’ la pol’tica econ—mica. Eso se llama unidad de la clase, en torno a sus interŽs y a los de su aliado principal el imperialismo.

En cambio, los trabajadores, que somos m‡s del 75% de esta poblaci—n, nos encontramos divididos en cuatro centrales sindicales y en un sinf’n de grupos, partidos y movimientos pol’ticos, lo que permite la enorme desigualdad en los ingresos, frena el desarrollo y nos castiga a una eterna frustraci—n, a una super explotaci—n e incluso a la destrucci—n del medio ambiente y la calidad de vida de toda la poblaci—n. 

De la misma manera como el poder econ—mico se estructura en redes, los trabajadores deben contar con su herramienta, organizada en redes (centralismo democr‡tico) para hacer efectivo ese poder popular y construir la democracia del futuro, el socialismo. Por lo mismo, la refundaci—n de la CUT clasista y socialista, es una necesidad vital para el movimiento social y pol’tico de los trabajadores, una œnica central sindical debe ser el objetivo principal.

Los pasos a dar son: la convocatoria a una amplia Conferencia Nacional Sindical, que sin exclusi—n de ninguna especie, conforme un ComitŽ Nacional de Unidad Sindical. Para ello debemos presionar al Departamento Sindical del PS que junto al del Partido Comunista, deben asegurar la organizaci—n del definitivo Congreso Constituyente de la CUT (como central œnica). Este ComitŽ Nacional de Unidad sindical, tendr’a en sus manos la responsabilidad de impulsar Žsta estratŽgica medida.

Otra necesidad que surge es la Unidad de la Izquierda, tarea que no puede seguir posterg‡ndose, para ello se deber‡ llevar adelante una profunda discusi—n ideol—gica, donde uno de sus puntos centrales pasa por terminar toda vinculaci—n con la socialdemocracia, sellando la independencia de todo centro ideol—gico. La antigua discusi—n revoluci—n o reforma est‡ m‡s viva que nunca. Es evidente que el neoliberalismo es consecuencia, no s—lo del fin del socialismo soviŽtico, sino que adem‡s del fracaso de los llamados Òestados de bienestarÓ de la socialdemocracia europea, hoy principal socia del imperialismo yanki, transform‡ndose en los principales promotores del liberalismo a travŽs de la tercera v’a.

Esta Unidad de la Izquierda,  tendr‡ sentido con la creaci—n de un Frente Pol’tico Social, que al igual que el FRAP sea la expresi—n clasista de los trabajadores chilenos, Žste se constituir‡ con la alianza estratŽgica entre los trabajadores (CUT, unificada y œnica) m‡s los partidos y referentes de izquierda que adhieran al socialismo, a los postulados de esta nueva CUT y al programa que de Žl surja, el que ser‡ el sujeto hist—rico llamado a concretizar el anhelado sue–o de los trabajadores chilenos, el socialismo.

Sin embargo, no todos los trabajadores ni todo el pueblo tiene el nivel de conciencia requerido para derrotar a la gran burgues’a y su aliado el imperialismo yanqui-europeo, por ello es necesario desarrollar un proceso de Unidad del Pueblo a travŽs de la convocatoria a una Asamblea Constituyente construida org‡nicamente en todos los barrios, f‡bricas, centros de trabajo, liceos y universidades, que discuta una nueva constituci—n la que a travŽs de un Plebiscito devuelva al pueblo chileno la soberan’a popular, primera piedra de cualquier sociedad democr‡tica.

Juan Miranda
Socialista como Allende
Septiembre 2008