SOCIALISMO O
CAPITALISMO
ÒLa tarea no ser‡ f‡cil pues es evidente que
muchos dirigentes socialistas ya no
creen en el socialismo, que piensan al capitalismo como indestructible, y
han asumido, en sus planteamientos te—ricos y actitudes pr‡cticas, al neoliberalismoÓ.
Pady
Ahumada. ÀSocialismo o capitalismo?
Eso
es cierto, pero hay otro variante. Aquellos compa–eros que han hecho del
socialismo un acto de fe. El tema no es creer, eso es para lo idealistas, los
marxistas nos basamos en el mŽtodo de an‡lisis Materialista DialŽctico, que como herramienta anal’tica nos permite
construir un diagn—stico de la realidad y desde all’ elaborar hip—tesis sobre
como modificarla, usando el Materialismo
Hist—rico. Por lo mismo, a la luz de ese materialismo dialŽctico podemos
analizar las opiniones del compa–ero Pady Ahumada y podemos descubrir que -al
igual que aquellos que Žl critica-, terminar‡ tarde o temprano Òrenov‡ndoseÓ, a
no ser que utilice correctamente ese marxismo que Žl dice rescatar.
LA DICTADURA CêVICO-MILITAR DE DERECHA
Los
Òcien d’as de gobierno del compa–ero
PresidenteÓ (en realidad fueron 1.102), que el compa–ero destaca, solo
mencionando logros, en s’ muy importantes, pero con un enfoque muy ÒsubjetivoÓ. Olvid— la Reforma Agraria, con el fin
del latifundio y el combate frontal a la oligarqu’a financiera a travŽs de la
expropiaci—n de la Banca y de las Empresas estratŽgicas, donde la principal fue
el cobre. Olvid— el çrea de Propiedad social, con administraci—n conjunta entre
trabajadores y el estado.
En
fin, fueron esas las medidas que permiten hablar de un proceso revolucionario, donde la participaci—n popular se fue
perfilando, producto de estos cambios, hacia el ÒempoderamientoÓ como dicen
ahora los cientistas sociales (poder popular dec’amos nosotros). Esa es la
causa del golpe y no otra. El resultado del enfrentamiento de clase, que
implic— del car‡cter revolucionario del proceso, al resultar adverso a los trabajadores, solo pod’a concluir
en Òun pa’s donde la derecha civil,
apoyada por la bruta fuerza de la dictadura, hab’a producido cambios
importantes en la estructura de clases y los agrupamientos sociales.Ó Sin
embargo, lo m‡s serio en el documento del compa–ero Pady Ahumada, est‡ En su
aseveraci—n que Òdonde el sector
servicios es hoy d’a dominanteÓ, por ello es necesario analizarlo.
La Žpoca imperialista se caracteriz—
principalmente por la organizaci—n de la producci—n llamada ÒfordistaÓ, y es la
de producci—n en cadena. Las Industrias, concentraban gran parte de los
procesos productivos asociados, desde fundiciones, hasta productos de consumo
masivo, pasando por toda la gama intermedia de productos. Esto dio origen a
grandes usinas y a mucha concentraci—n obrera. Entonces una f‡brica lanzaba al
mercado miles de productos hechos en serie y a bajo costo.
En ese tiempo lo fundamental eran buenos
puertos, buen transporte, buenas carreteras y comunicaci—n telef—nica. M‡s
cuando llegaba el momento de la saturaci—n de los mercados, hab’a por un lado
que expandirse (agranda el mercado)
y por otro abaratar la mano de obra (achica
el mercado) (crisis c’clicas).
Pero dentro de estas grandes usinas ya
estaba el germen de lo que vendr‡, la f‡brica interiormente estaba ÒnucleadaÓ, estaba conformada por
cuadrillas con un jefe, el que junto con otros jefes de cuadrilla, formaban una
secci—n donde a su vez, con otros jefes de secci—n, planifican la producci—n
Esto se parece mucho al concepto de centralismo
democr‡tico. Todo este mecanismo se iba permanentemente acomodando a las
necesidades productivas que emanaban desde la Gerencia, que no necesariamente
era el due–o sino muchas veces es un empleado m‡s, pero lo m‡s sorprendente es
que todo este proceso se realiza SIN
INTERCAMBIO, Žste solo se verifica al momento de negociar con el due–o el
salario (venta de la mano de obra).
Por otro lado, en todo este proceso el capital financiero concentra en sus
manos cada vez mayor poder, pero al mismo tiempo se aleja del proceso
productivo y por medio de los bancos, financieras, acciones, etc., extrae en
forma de intereses todo el excedente que puede de los industriales. El problema
que se les plantea es que, los mercados dominados est‡n en todo el globo y es
necesaria una mayor movilidad y comunicaci—n.
Aqu’ surge la WEB (red internet) la que pone al servicio de este capitalismo
financiero, y en su escritorio, todo el mundo. Gran invento, enorme desarrollo de las fuerzas
productivas, no s—lo por los mercados, las acciones, la informaci—n, etc.,
sino principalmente porque transforma al mundo en una sola gran f‡brica,
controlada por la red. Esto da curso a un cambio sustancial en el capitalismo.
De la empresa ÒFordistaÓ, en alusi—n a Henri
Ford, quien desarroll— en sus empresas el modelo antes descrito, saltamos al
modelo ÒToyotistaÓ (Toyota) que consiste en producir de acuerdo al mercado, y
que hoy se expresa en que un individuo de cualquier lugar del planeta puede
comprar por la red, lo que quiera y en 48 horas lo tiene en su casa.
Para ello se desarroll— todo un proceso de externalizaci—n de los procesos productivos
y la desterritorializaci—n de las
empresas. Esto significa que un autom—vil se puede armar con piezas y partes
que se fabrican en todo el mundo, y a pedido. Todo esto era imposible sin la
red (WEB). Aqu’, los capitalistas resolvieron varios problemas a la vez, por un
lado al reducirse el tama–o de las empresas tambiŽn perdi— fuerzas la lucha
sindical, œnico freno a la explotaci—n.
Adem‡s el sistema se hizo m‡s eficiente y
m‡s productivo a un menor costo (utilizaci—n barata de mano de obra en pa’ses
pobres). El problema que les surge, es que el mercado est‡ cada vez m‡s
deprimido (reducido) por los altos niveles de cesant’a, por lo que los
excedentes que venimos mencionando, ya no tienen hacia donde expandirse, han
tocado techo y piso. Y como el mercado lo formamos las personas, los
trabajadores, y estos son cada vez m‡s pobres, tambiŽn los mercados son
incapaces de absorber estos nuevos excedentes.
Entonces los grandes capitalistas se auto-enga–an con lo que ellos llaman Òproducci—n inmaterialÓ. La compra venta
de acciones, el cobro de derechos de autor (marcas registradas y
patentes), venta de softweare, el
cobro de intereses, los bancos y financieras, etc. Forman un gran globo que con
orgullo exponen como el triunfo del capitalismo sobre el socialismo.
El Trabajo Productivo en la Econom’a Capitalista.
La
condici—n de los trabajadores continœa siendo la misma y cuando afirmamos esto,
no estamos negando ni los cambios hist—ricos, ni el desarrollo
cient’fico-tecnol—gico, ni las nuevas formas de dominaci—n que ha ensayado el
capital a lo largo de su desarrollo como sistema econ—mico-social.
Sostenemos,
que el trabajador ha sido y ser‡ el
œnico productor real de riqueza y que en el marco del capitalismo, el uso
de la fuerza de trabajo siempre ser‡ sometida a una super explotaci—n en funci—n de la ganancia permanente que busca el
capitalista. El burguŽs ha comprado lo que necesita para que los trabajadores
produzcan y vende su mercanc’a apropi‡ndose del excedente que produce la fuerza de trabajo y que ellos llaman
utilidades.
La
diferencia entre lo que el capitalista invierte y lo que recibe despuŽs de
vender, no la genera el capital, ni las materias primas, ni las maquinarias
(que tambiŽn son producto del trabajo humano) ni tampoco la Òproducci—n
inmaterialÓ (softwere, inventos, patentes, acciones, intereses, etc.) es el trabajo humano –al transformar
todas estos medios de producci—n en la mercanc’a- el que la genera.
El hecho de que en Žsta fase
del desarrollo capitalista (refiriŽndonos a la hegemon’a del capital
financiero) se transformen en predominantes formas inmateriales de las mercanc’as otorg‡ndole al trabajo
intelectual un gran peso en la din‡mica econ—mica, no cambia en nada las relaciones sociales de producci—n que
hay en la base y la ley del valor
que las rige.
El triunfo de la ÒaparienciaÓ pretende que la imagen reflejada por un espejo supere a la realidad -porque efectivamente ha habido transformaci—n del trabajo y hoy no se producen las mismas cosas, ni del mismo modo que hace treinta o cuarenta a–os- no da en absoluto para pensar y afirmar que la explotaci—n haya sido superada y caer en el absurdo de declarar que la riqueza hoy la produce la computaci—n.
La visi—n de Marx, m‡s all‡ de
toda ÒaparienciaÓ, consisti— en se–alar la verdadera conexi—n de las relaciones
sociales fundamentales entre las clases.
En el capitalismo s—lo el tiempo de la fuerza de trabajo
consumida en la producci—n, es fuente, origen y medida del valor y la ganancia
se obtiene de la apropiaci—n de una parte de este valor que crean los
trabajadores.
La falsa idea de que el
trabajo s—lo participa de manera secundaria en la producci—n, se afirma en otra
idea, tambiŽn falsa, segœn la cual el trabajo perdi— su importancia. Esto a
nuestro juicio, solo busca justificar la permanencia del desempleo masivo y
otorgar a los patrones el derecho a contratar y despedir a su arbitrio a los
trabajadores, con la mentira de que el satisfacer sus necesidades b‡sicas pasa
por otras v’as (la limosna, el estado o el subempleo).
Sin embargo ellos, a travŽs de
la tercerizaci—n, subcontrataci—n o
externalizaci—n, extraen de la explotaci—n que la micro y mediana empresa
genera, los excedentes a travŽs del mercado financiero (bancos, prŽstamos,
cuentas corrientes, etc.). Esto se llama explotaci—n por encargo y sin derechos
para los explotados.
Esta misma visi—n de Marx nos
muestra que todo el enriquecimiento
financiero no es m‡s que una captaci—n del valor producido en el proceso de
producci—n donde el trabajo juega el papel central. Entender la bancarrota de
la Ònueva econom’aÓ deriva del hecho de que precisamente esta din‡mica
financiera estuvo privada de mercanc’as como sustrato de valor y por eso su
derrumbe.
Dadas estas condiciones,
afirmamos categ—ricamente que el capitalismo ha fracasado con el ensayo de
nuevas formas de dominaci—n y que Žstas no revelan otra cosa, que los nuevos
intentos de mantener su esencia expoliadora de los recursos naturales, opresiva
y explotadora de los trabajadores que producen las riquezas.
Un Globo Aeroest‡tico.
El capital financiero a partir del a–o 1972,
-cuando Nixon producto de la derrota en Viet Nam le quita la convertibilidad en oro del d—lar, œltima
moneda que aœn la manten’a-, comienza el
proceso final del capitalismo. Pues le corta el cable a tierra.
No cabe duda, -sin pretender desconocer la
importancia de Europa- que el centro neur‡lgico del Imperio est‡ en los Estados
Unidos, por lo mismo, lo que all’ ocurra es trascendental para el resto del
globo. Bueno, sumado a una aguda y prolongada crisis econ—mica y una creciente des-industrializaci—n enmascarada por un
enorme flujo de capitales externos, el Imperio se sumerge en una de las crisis
m‡s graves de su historia.
Entre 1990 y 2000 el dŽficit comercial de EEUU paso de 100 mil millones de d—lares a 460
mil millones, esto significa que la grieta entre lo que consume y lo que
produce es cada vez mas ancha. Esto la convierte en una naci—n depredadora.
Dice Emmanuel Tod ÒLa percepci—n,
ciertamente mayoritaria, de la potencia ilimitada de Estados Unidos es una completa
ilusi—n que nace, en principio, del derrumbe de la Uni—n SoviŽtica, y aun de
Rusia, como potencia, con la consiguiente desaparici—n de contrapesos
internacionales.
En
segundo lugar, de la llegada a la madurez de la globalizaci—n, que permite
atraer a Estados Unidos enormes recursos financieros, lo que le otorga medios
que no corresponden a la realidad de su econom’a. Debido a esta circunstancia,
debe tenerse en cuenta que su potencia econ—mica es relativa. Est‡ su potencia
militar, que parece aplastante si se la confronta con la de Irak, para tomar un ejemplo reciente, pero la realidad militar es que la
Rusia actual, la de Put’n, conserva la capacidad nuclear estratŽgica para
suprimir a Estados Unidos.Ó
Y continœaÉÒEl coraz—n de una potencia, en mi opini—n, es la supremac’a
econ—mica, y est‡ claro que Estados Unidos est‡ en v’as de perderla o ya la ha
perdido. Hay que olvidarse un poco de la
econom’a virtual, de todo ese discurso un tanto fetichista de las nuevas
tecnolog’as, del dinamismo insuperable de la econom’a norteamericana, que no es
m‡s que un efecto de los flujos
financieros. La gente tambiŽn cre’a en el siglo XVII que Espa–a era una
potencia invencible, con todo el oro que extra’a del Nuevo Mundo y que le
permit’a mantener una armada muy poderosa, pero su econom’a real, productiva,
estaba quebrada.Ó ÉÒ Tiene, eso s’,
un indiscutible adelanto en el dominio de las nuevas tecnolog’as y de internet;
sin embargo, pienso que han perdido diez a–os que deb’an haber empleado en
reconstruir su industria.
Estamos en presencia de un enorme globo
aerost‡tico formado en su parte superior por el capital financiero trasnacional, que aunque con dominio de
NorteamŽrica, este capital no tiene patria y que domina el 82% del mercado
mundial. Con una enorme necesidad expansiva lo que hace inflar aœn m‡s ese
globo.
Y abajo, el
sistema productivo, atomizado
disperso en millones de medianas, peque–as y micro empresas las que concentran
m‡s del 70% del empleo y que participan del mercado mundial en no m‡s de un
18%. Sin embargo esta base productiva es la que produce todas las mercanc’as
necesarias para la subsistencia de la humanidad y aun m‡s.
Al centro las piolas que lo atan est‡n
representadas por la internet, las comunicaciones, las patentes, crŽditos,
etc., lo que ellos llaman la Òproducci—n inmaterialÓ.
La Globalizaci—n en Chile
En
los œltimos 30 a–os, la Clase Obrera chilena ha sufrido una profunda
transformaci—n en lo econ—mico, pol’tico organizacional e ideol—gico debido al
cambio del patr—n de acumulaci—n capitalista y por las vicisitudes hist—ricas
(UP, Golpe militar, Dictadura, la concertaci—n, etc.). Estas transformaciones
han sido interpretadas como la desaparici—n de la clase obrera por aquellos que
reducen a la clase al estereotipo de trabajador industrial. Sin embargo
intentaremos ubicar el problema en su real dimensi—n.
Nuevo
Patr—n de acumulaci—n.
1.- La revoluci—n cient’fico-tŽcnica de los
70s. Provoca un nuevo impulso de las fuerzas productivas. (inform‡tica,
cibernŽtica, la rob—tica, y la biotecnolog’a), generando el aumento sin
precedentes de la productividad del trabajo sin requerir una alta concentraci—n
de la poblaci—n obrera, pero al mismo tiempo un disminuci—n de los costos por
la v’a de la superexplotaci—n, junto al enorme avance de las comunicaciones,
que le permite el desarrollo de un sistema organizacional de una eficiencia y
velocidad sin precedentes. Esto logra que la empresa moderna externalice la
mayor parte de los procesos productivos dando origen a un explosivo crecimiento
de la micro y peque–a empresa,
quedando un excedente de trabajadores cesantes y otro grupo importante
desplazados al sector servicios.
2.- El proletariado industrial es reducido en
la misma medida en que fue desmantelada la industria nacional (privatizaciones
y apertura de la econom’a). El cambio de la orientaci—n en la pol’tica
econ—mica desde el modelo de sustituci—n de importaciones (desarrollismo) hacia
las ‡reas de exportaci—n y servicios que permite dar cabida a los capitales
especulativos (banca, financieras y aseguradoras) y que por sus caracter’sticas
propias, es pobre en generaci—n de empleo y adem‡s se orienta especialmente a
la explotaci—n de recursos naturales (cobre, madera, frutas, etc)
3.- La clase obrera enfrenta largos per’odos de
cesant’a (74-83) necesarios para las nuevas condiciones econ—mico-laborales
impuestas por la dictadura (obrero de servicios, subcontratado, cambio en la
relaci—n de v’nculo con los patrones reales).
Estos elementos dan piŽ a que algunos
intelectuales (tambiŽn de izquierda) sostengan la tesis de la extinci—n de la clase obrera, al ver desaparecer la imagen
cl‡sica del obrero ligado a la maquino-factura. Sin embargo nunca se
preguntaron Àd—nde se continu— generando plusval’a?.
Segœn se deriva de las encuestas Casen 2000,
la composici—n de clases de los ocupados de nuestro pa’s es:
Patrones 196.010 3.8%
Peque–a Burgues’a 1.205.463 23.37%
(533.479
son microempr. formales)
Proletariado 3.756.694 72.83% (656.843
trabajadores informales)
A
pesar de las transformaciones, la relaci—n capital/trabajo sigue siendo la
generadora de plusval’a, solo que el œltimo tiempo se ha aumentado
ostensiblemente la ganancia de los capitalistas.
A modo de ejemplo diremos que el empleo
generado por las distintas empresas indican, segœn datos oficiales es
Empleo ventas exportaciones
Micro y peque–as empresas 70% 12,8% (197
mill.US$) 1,19%
Medianas y grandes 30% 87,2% (16.446
mill US$) 98,81%
Entonces queda la sensaci—n que solo el
treinta por ciento de los trabajadores estar’an ligados a la generaci—n de casi
el 90% de la riqueza, sin embargo
no es as’.
Por un lado, el Producto Interno Bruto de un a–o mide
el valor global de los bienes y servicios finales producidos en ese a–o. Por
otro lado, el PIB est‡ constituido fundamentalmente por la suma global de
las remuneraciones de los trabajadores y los excedentes brutos de explotaci—n
(ganancias globales de las empresas). La siguiente tabla nos indica como se
distribuye la riqueza en nuestra patria.
(En porcentajes)
2003 2004 2005 2006
Remuneraciones 41,2 39,0 37,4 34,9
Excedente Bruto de Explotaci—n 46,7 49,3 51,0 53,7
Impuestos Netos de Subvenciones 12,0 11,7 11,7 11,4
PIB 100,0 100,0 100,0 100,0
Fuente: 2003 a 2005, reproducci—n de informaci—n del Banco Central de Chile
2006, estimaciones nuestras sobre la base de informaciones del Banco Central
De la cruza de estas informaciones
concluimos que el 3,8% de la
poblaci—n disfruta de la mitad de la producci—n y creciendo de acuerdo al nuevo
patr—n de acumulaci—n.
El
Nuevo Patr—n de acumulaci—n.
Es necesario entender que el
capitalismo si bien entra en sucesivas crisis econ—micas, su supervivencia es
de car‡cter pol’tico. Por lo mismo, los estados de conciliaci—n de clases
(Estado Empresario o Estado Benefactor (keynes)) se transformaron en negativos para el desarrollo del
capitalismo. Necesitaba entonces concentrar el capital y expandir el mercado para
mantener las tasas de ganancia.
Es as’ que nuevamente el capitalismo
mundial encabezado por la burgues’a monop—lico-financiera comienza a imponer su
nuevo patr—n de acumulaci—n sustentado en la destrucci—n de los movimientos
sociales y revolucionarios a travŽs de la utilizaci—n de sanguinarias
dictaduras militares, en Chile y en casi toda LatinoamŽrica. (Esto descarta de
inmediato la justificaci—n de la burgues’a y de algunos ex-compa–eros que sostienen que el golpe en Chile se debi— a
errores del Gobierno Popular).
Este nuevo ordenamiento cumpli— el
rol de desarticular y aniquilar al movimiento popular, posteriormente la constituci—n de pinochet y los sucesivos
gobiernos de la concertaci—n, que solo administra la institucionalidad vigente,
han consolidado, el nuevo modelo capitalista mundial. Esto es la Òdesnacionalizaci—n de los capitalesÓ
(circulantes y sin patria), que debilita a las burgues’as nacionales, y la organizaci—n de la producci—n en ÒredesÓ formada
por miles de micro y peque–as empresas que, controladas por el capital
financiero (banco, crŽdito, etc.), explotan a los trabajadores Òpor encargoÓ
inhabilitando a sus organizaciones tradicionales (sindicatos) para defender sus
derechos.
En la pr‡ctica esto se a traducido
en una atomizaci—n de los procesos productivos (sub-contrataciones, maquilaje,
externalizaciones de servicios, etc.) dando origen a nuestra realidad: el 70%
del empleo lo genera la micro y peque–a empresa. Sin embargo el control
absoluto del proceso de acumulaci—n lo mantiene el capital financiero transnacional
que por la v’a del crŽdito, el domino de la banca, el control sobre las
exportaciones (98,81%), las materias primas, la alta tecnolog’a inform‡tica, de
comunicaciones, rob—tica, las patentes, royalties, etc., se apropia del
plusvalor que es extra’do a los cuatro millones de proletarios en Chile. Esto es el neoliberalismo. Debido a la
imposici—n en los hechos de la flexibilidad del trabajo, la clase obrera se
encuentra sometida a condiciones de superexplotaci—n y chantaje de los sectores
empresariales y con el fantasma de la cesant’a sobre sus cabezas.
Las
derrotas hist—ricas de la clase obrera.
Son dos las derrotas hist—ricas que ha
sufrido nuestra clase obrera y que han permitido la actual situaci—n de
super-explotaci—n. Una es militar, la de 1973 que la llev— a la destrucci—n
f’sica de la casi totalidad de su dirigencia y al exterminio posterior de todo
intento de reorganizaci—n y la
segunda fue la de 1986 cuando, con la transici—n pactada llevada adelante por
la concertaci—n, se termin— por desarticular y debilitar al movimiento social.
Las consecuencias de estas dos
derrotas, originan una sucesiva atomizaci—n
org‡nica, una fragmentaci—n social
y una dispersi—n ideol—gica.
La
atomizaci—n org‡nica
es la expresi—n del deterioro de la conciencia de clase, que niega la voluntad
colectiva y la asociaci—n de intereses. Esta atomizaci—n reduce el ejercicio
te—rico a miradas personalistas que refuerzan el individualismo, dando origen a
un c’rculo vicioso de autoreferencia y caudillismo conductor. Esta es una
expresi—n concreta y negativa de la derrota.
La
fragmentaci—n social
separa lo pol’tico de lo social (Òse acab— la lucha de clasesÓ) esto no es nuevo, se originan en la socialdemocracia primero y en el
social-cristianismo despuŽs. En la dŽcada de los 40s. Luego que el marxismo
arm— a los trabajadores de una conciencia proletaria, permitiŽndole fuertes y
combativas organizaciones obreras y populares (Pan, Techo y Socialismo era su
consigna) y en lo pol’tico se traduce en la alianza comunista-socialista. Al
incorporar primero a la burgues’a representada por la socialdemocracia (PR) en
esta alianza electoral, se debilita y concluye atrapando al movimiento popular
en el C—digo Laboral encauz‡ndola hacia la negociaci—n. M‡s tarde, en
los a–os 60s, el social cristianismo inaugura una alternativa al marxismo a
travŽs de su ÓSocialismo ComunitarioÓ lo divide en una serie de movimientos
sectoriales con demandas particulares que desperfilan su car‡cter de clase a
travŽs de la cu–a jur’dica de la ÒPromoci—n PopularÓ as’ el sistema
capitalista logra que se pierda de vista el territorio de la lucha de clases
dando origen a un sinf’n de organizaciones (juntas de vecinos, clubes
culturales, clubes deportivos, centros de madres, etc) cuyo œnico fin es borrar
los objetivos de clase de las organizaciones populares y hacer estŽriles sus
esfuerzos.
La
dispersi—n ideol—gica.
El giro contrarrevolucionario que se impone a la estructura de la conciencia,
desata una serie de fuerzas centr’fugas (renovaci—n
socialista, liberalismo o franca colaboraci—n). Las primeras expresiones se
dan los a–os 79-80 con los adherentes a la ÓConvergencia SocialistaÓ que es m‡s
conocido como el socialismo renovado y despuŽs, el a–o 86, cuando la
resistencia antidictatorial (MDP) se debilita y quiebra mucho antes de la ca’da
del muro y de la derrota de la URSS. Estos, se embarcan con toda sus energ’as
en una salida pol’tica a la crisis capitalista. La operaci—n de
desmantelamiento de la conciencia de clases comienza con la sustituci—n de las
organizaciones m‡s rupturistas (coordinadoras de masas) por mesas de
Òconcertaci—n socialÓ primero, asambleas de la civilidad despuŽs y por œltimo
la salida norteamericana, el ÒAcuerdo NacionalÓ.
Ante la derrota m‡s inminente de la
dictadura, confluyen en la Alianza Democr‡tica tras la necesidad de desmantelar
y aislar a la izquierda levantando el discurso de la Òreconciliaci—n
nacionalÓ.
Luego el trecho recorrido por los
sectores obreros y populares entre 1989 y hoy, es un proceso de desarme
org‡nico, confusi—n y divisiones que postergan indefinidamente las demandas de
los trabajadores y el pueblo y alejan el objetivo de la transformaci—n
revolucionaria y socialista de nuestro pa’s iniciada por Salvador Allende.
La
Tarea Principal.
De lo anteriormente expuesto se confirma el siguiente
diagn—stico:
Los trabajadores afiliados a su
sindicato llega como promedio al
4,58%
Micro
y Peq. Med. Grande Total
Sindicalizaci—n: 3% 6% 9% 4,58%
En cifras 104.168 38.169 94.206 236.543
En otras palabras tenemos 4 millones novecientos mil trabajadores
sin organizaci—n de clase. Y de ellos 3.283.267
trabajan en la Micro y peque–a empresa.
De el total de trabajadores en
Chile, 1.062.582, est‡n bajo la l’nea de pobreza (ingresos por persona
inferiores a $40.562 en la ciudad y $27.349 en el campo)
Estas son las cifras,
significativas, m‡s aœn con el proceso de desnacionalizaci—n impuesto a travŽs
de los TLCs que la concertaci—n ha firmado en los œltimos a–os. Indican lo
absolutamente necesario que se hace revertir dicho panorama.
1.- Restablecer
el car‡cter solidario y asociativo a las futuras organizaciones, recuperando
primero su fuerza.
Por la dispersi—n que la nueva econom’a ha provocado al trabajo productivo,
Žsta asociatividad debe incorporar adem‡s el car‡cter territorial, siendo como
base la comuna, para fortalecer adem‡s el criterio hist—rico de organizaci—n
por rama de producci—n.
-Recuperar la Fuerza. La organizaci—n
sindical, orientada hacia la negociaci—n por rama de producci—n ha sufrido un
enorme debilitamiento debido a la atomizaci—n de los procesos productivos. Hoy
los grandes sindicatos de la construcci—n, gr‡ficos, del cuero y el calzado,
etc., desaparecieron porque ya no existen las grandes empresas donde la
cantidad de socios era la fuerza de dicha organizaci—n. Ahora dichas
actividades se desarrollan a travŽs de miles de micro y peque–as empresas, las
que hacen de colch—n en el proceso de negociaci—n global de la clase
trabajadora. Por otro lado, la conformaci—n en forma de red del sistema
econ—mico (donde el control lo ejercen los grupos econ—micos a travŽs del
capital financiero) hace imprescindible buscar la organizaci—n territorial de estos trabajadores (donde se encuentran
las micro y peque–as empresas) tambiŽn como redes, adem‡s la organizaci—n por rama de producci—n. Un ejemplo lo
representa la organizaci—n de los panificadores, quienes a travŽs de su
confederaci—n (CONAPAN) lograron dar, a nivel nacional, una fuerza negociadora
a trabajadores de cientos de peque–as panader’as que se constituyen en
sindicatos territoriales (varias panader’as de una zona conforman los
sindicatos 1, 2, 3, etc.). TambiŽn el colegio de profesores es otro ejemplo,
con su organizaci—n comunal.
Durante
el Gobierno Popular, se gener— un conflicto a nuestro entender ficticio, entre
la CUT y los Cordones Industriales (la primera organizaci—n tradicional, y la
segunda organizaci—n territorial). La causa del conflicto fue generado por el
manejo pol’tico, que de estas organizaciones, hac’an los partidos PC, PS y MIR,
en el sentido de cuestionar la conducci—n de ellas y no enfrentar el fondo.
Ambas
son organizaciones complementarias, una (la CUT), era un instrumento reivindicativo
econ—mico de la clase y la otra (Cordones Industriales) surgen por la necesidad
de enfrentar al paro patronal (Octubre-72) como organizaci—n de poder que
asume el control de la producci—n en las empresas del ‡rea social, debido al
boicot de los empresarios al Gobierno Popular. Ahora y en el futuro, ambas
ser‡n necesarias mientras coexista un ‡rea social, con un ‡rea privada. Si bien
hoy d’a el ‡rea social es casi nula, cualquier gobierno antineoliberal, deber‡
plantearse la necesidad de fortalecer un ‡rea social predominante con una
organizaci—n de trabajadores poderosa y de car‡cter territorial unida en una Central Sindical ònica. La carencia de
Žsta Central ònica, pone en el primer orden la necesidad de que todos los
dirigentes sindicales socialistas (que se encuentran en las cuatro Centrales
sindicales, Cut, Cat, Cnt y Cgt) deben iniciar un proceso de confluencia hacia
la Formaci—n de la Central ònica de Chile, Clasista y Socialista.
Esta nueva CUT tendr‡ como primera
reivindicaci—n que deberemos asumir desde ya los socialistas, la
sindicalizaci—n obligatoria, el sindicato œnico por empresa y el financiamiento
por la cuota sindical descontada por planilla a todos los trabajadores.
-Recuperar la solidaridad. Por otro
lado, el nuevo modelo implantado por la dictadura, le arrebat— el car‡cter de
solidario a las organizaciones, a la previsi—n, a la salud y a todas las esferas
de la vida social. S—lo es aceptable hoy d’a la limosna, en forma de Òcaridad
cristianaÓ (telet—n, hogar de cristo, etc.) o de Òtrabajo precarioÓ (ni–os
artistas, vendedores de flores, artistas callejeros, etc.). Es vital para la
recuperaci—n de los niveles de desarrollo humano reestablecer los criterios
solidarios de la sociedad.
Uno
de los caminos comienza por recuperar la salud y la previsi—n solidarias (ambos
planes especiales a realizar para los respectivos sectores), pero en el plano
de las organizaciones de trabajadores, no debemos olvidar su origen Mutual. En
los or’genes del movimiento sindical, los temas como la vivienda, la salud, la
cultura, la educaci—n, la entretenci—n, etc. eran temas de la lucha sindical,
hoy por las caracter’sticas del modelo,
tambiŽn en este plano la territorialidad es fundamental para enfrentar
estos problemas. Es por ello, precisamente que en plena dictadura nacen las Coordinadoras Populares (COP), las
que a falta de organizaci—n sindical capaz de enfrentar en forma global los
problemas de la clase, asumen el rol en el territorio (muchos de los dirigentes
de estas COP, son ex–dirigentes sindicales).
Bueno,
estas reivindicaciones deben estar junto a las luchas por mejor salario,
mejores condiciones laborales, en las organizaciones sindicales futuras. De
all’ surge la ligaz—n del movimiento sindical con el movimiento de pobladores,
siendo las COP elementos importantes en la construcci—n del movimiento sindical territorial.
Un
elemento adicional es la estructura pol’tica que asumi— el Estado chileno, Žsta
entrega la posibilidad de que fuertes organizaciones sociales territoriales
asuman a travŽs del municipio, algunas cuotas de poder y por ende formas de
soluci—n a problemas de primera importancia a travŽs de criterios solidarios
(vivienda, salud, educaci—n, recreaci—n, etc). sin embargo, en estas
organizaciones territoriales deben estar incluidos los sindicatos antes
mencionados, pues precisamente una de las formas de financiamiento de los
municipios viene precisamente de las patentes que pagan estas peque–as y micro
empresas, (incluso en algunas comunas, grandes empresas) o sea como vimos, de
la misma plusval’a que se alimenta el 70% del sistema.
2.- Orientar las luchas con un claro sentido de
clase priorizando las organizaciones de trabajadores y en torno a las nuevas
contradicciones que nos impone el nuevo modelo de acumulaci—n.
Cuando
hablamos de trabajadores, m‡s aœn hoy en que la globalizaci—n a impuesto una
fuerte industrializaci—n del agro, nos referimos tambiŽn a los campesinos. La
unidad obrero campesina, en la organizaci—n del Frente de Trabajadores, es
vital. La nueva estructuraci—n de la sociedad, desde el punto de vista de la
formaci—n social, a unificado las reivindicaciones de la ciudad y del campo. Las
diferencias entre estos dos sectores son cada vez menores y tienden a
desaparecer. Hoy la lucha por jornadas de ocho horas, por contratos de trabajo,
por derecho al descanso, por pago de horas extraordinarias, por fin a la
cesant’a, por salarios justos, etc. Son lo mismo en ambos frentes y se suman a
la vivienda, la salud, la educaci—n, etc.
Este es otro argumento que fundamenta la
necesidad de que la estructura base de la organizaci—n de los trabajadores
desde el punto de vista territorial sea la comuna porque all’ se unifican desde
abajo las demandas m‡s sentidas de la mayor’a de los sectores populares (72%),
el proletariado y sus familias permitiendo proyectar hacia arriba las
soluciones.
3-. Recuperar la lucha por el socialismo como
objetivo de la clase . Siendo este el m‡s importante, creemos ser‡ el
resultado de la reposici—n del debate interrumpido en septiembre de 1973. La
globalizaci—n que trajo consigo un nuevo patr—n de acumulaci—n de la plusval’a,
ya descrito, trajo adem‡s algunas novedades.
La dictadura mantuvo b‡sicamente los
resultados de la Reforma Agraria, concluida por Salvador Allende y que puso fin
al latifundio semifeudal que nos acompa–— desde los or’genes de nuestra
repœblica, industrializando el campo y proletarizando al campesino. Hoy la agricultura familiar campesina,
desde el aspecto macroecon—mico, es pr‡cticamente marginal (comparado con las
exportaciones agro industriales y del sector primario) y para el trabajador
agr’cola es compartida con la actividad temporera en Packing, frigor’ficos,
agroindustria, pesqueras, aserraderos, etc.
Adem‡s la tercerizaci—n y la
externalizaci—n de las empresas trajo consigo una consecuencia poco analizada,
y que precisamente el cro. Pady confunde como el fin de la clase obrera, y es
la proletarizaci—n de los oficios. La industria Fordista ten’a como
caracter’stica la necesidad de especializaci—n del trabajador, dando una enorme
importancia al oficio. Hoy el trabajador se ha transformado solo en Òfuerza de
trabajoÓ, no importa si eres profesor, zapatero, estucador, solo importa tu
hora/hombre, de la cual obtener plusvalor. La consecuencia m‡s clara es la
Òflexibilidad laboralÓ, la precaridad en el empleo y tambiŽn en la actividad,
unificando las demandas de clase.
Como correlato, en la clase
dominante este patr—n de acumulaci—n trajo consigo tambiŽn la unificaci—n de
los intereses de toda la gran burgues’a tras los intereses de la burgues’a
monop—lica financiera (hegemon’a), donde los sectores productivos, se ven
dominados e involucrados v’a capital financiero a los intereses imperiales
trasnacionales. Con ello, pierden toda la autonom’a ÒnacionalistaÓ de clase que
se refleja en un estado cada vez menos nacional y una econom’a m‡s abierta al
mercado internacional. Cosa que no ocurre en el imperio.
En el medio queda una gran cantidad
de micro y peque–a empresa (un mill—n y medio. 23,7%) que se ven arrastrado por una de las dos fuerzas en
conflicto. Como hoy la mayor fuerza la impone el capital financiero
trasnacional, sufren los estertores de la explotaci—n financiera. Al mismo
tiempo al sostener, casi el 80% del empleo, son los encargados de traspasar al
proletariado, las peores consecuencias del modelo (no pago provisional, no pago
de horas extraordinarias, trabajo esclavizante, irrespeto a leyes laborales,
etc.). Espec’ficamente cumplen la funci—n de amortiguador de la lucha de
clases, son la cara visible de la explotaci—n, pero est‡n imposibilitados de
resolverla.
Todo esto nos lleva a la œnica
salida posible: unidad de clase trabajadora manual e intelectual (divisi—n que
como ya vimos es solo formal), en el Frente de trabajadores, para enfrentar al
enemigo fundamental, esa burgues’a trasnacional, arrastrando en el proceso a
esta peque–a y mediana burgues’a, incapaz de levantar una alternativa distinta.
Es el fin de los frentes populares y de la alianza con la Òburgues’a
desarrollistaÓ, es la hora del Frente de trabajadores (ver programa del 47) y
del socialismo.
Juan Miranda. Comunal Paine